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Cultura pop

El inolvidable Lobo the Duck

Todos recordamos como eran las cosas para Marvel y DC a finales de la decada pasada. No hay necesidad de repetir el estado de bancarrota creativa en que las dos grandes editoriales estaban sumidas. Todos los trucos imaginables fueron desplegados para conseguir el dinero de lectores y especuladores y se volvía rentable matar y mutilar personajes icónicos e incluso cambiarles el uniforme.

Habiendo agotado todos sus trucos y recursos malhabidos para mediados de los noventas, sin más opciones para seguir vendiendo, Marvel y DC finalmente decidieron unirse para brindarle a los fans el crossover que tanto esperaban: Marvel vs. DC.

Como todos recuerdan este evento no reunió a los personajes de cada compañía para tomar el té (expecto en el caso de Robin y Júbilo) sino para que se trenzaran a golpes hasta que sólo uno quedase en pie (algunas de las victorias fueron decididas mediante votación de los lectores como la infame pelea entre Lobo y Wolverine). Los fans estaban felices, las editoriales estaban felices, Rob Liefeld estaba feliz, todos felices mientras la esperanza de leer buenas historias se iba al tacho de la basura.

Pero no todo estaba perdido, hacia el final de Marvel vs. DC apareció la línea Amalgam, doce títulos individuales que combinaban personajes de ambas editoriales en uno. Fue así­ como Superman y el Capitán América se fusionaron para dar origan a Super Soldier, Wolverine y Batman a Darkclaw, la Doom Patrol y los X-Men a X-Patrol, y Lobo y Howard the Duck a… Lobo the Duck.

Los tí­tulos de Amalgam tuvieron el valor de ser experimentales en un medio cada vez más apegado a fórmulas rancias y es aquí dónde Lobo the Duck #1 de Al Grant, Val Semeiks, et al, emergue como el más interesante de todos los tí­tulos de la colección.

Pueden ser distintos en cuanto a apariencia fí­sica, pero en cuanto a personalidad Howard y Lobos son muy parecidos y comparten la cualidad de ser sujetos “únicos” (el último y único czarniano en DC, el único pato humanoide en el universo 616) de mal caracter, vividores y altamente individualistas. Superhombres ambos en el sentido nietzscheniano ya que se erigen como valuartes de una moral propia por sobre la del resto de la humanidad. No importa si ninguno de los dos es humano, sabemos que el superhombre está tan lejos del hombre como éste del mono.

La historia de Lobo the Duck -como con gran parte de los títulos Amalgam– no tiene relevancia alguna y alude a hechos acontecidos en una falsa continuidad no-existente. Lo que importa es la puesta en escena. Ver al pato flirteando con las nenas, haciéndole a Ambush el Lunatiko lo que Lobo debió hacer a Wolverine en Marvel vs. DC, y por una chambonada atrayendo la Luna hacia la Tierra.

Otro punto interesante es como el perro de Lobo the Duck se va transformando a lo largo del cómic en versiones caninas de personajes Marvel y DC no amalgamados como Galactus y Wonder Woman. Pero lo que destaco sobretodo y que hace que este cómic sobresalga es la forma en que Al Grant derriba el cuarto muro en la novena y décima página con dos personajes conscientes de su condición que interpelan al lector, un plot device propio del pato Howard de Gerber y la She-Hulk en la época de Byrne que sin ser novedoso está muy bien ejecutado y por una vez le da voz y relevancia a personajes secundarios cuyo único propósito es servir de carne de cañon “sólo para enfatizar lo malos que son los malos”.

-Publicado originalmente el 21 de noviembre de 2008 en la antigua web del Calabozo-

Written by Amo del Calabozo

August 8, 2014 at 1:19 pm

Posted in DC, Marvel

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