El Calabozo del Amo del Calabozo

Cultura pop

Disectando a un despellejador: reseña de Secuencia Chobart de Pablo Rumel.

Yo no compré Secuencia Chobart, como no compré las imitaciones chilenas de cuentos de fantasía. Me la encontré en mi mochila después de una noche de juerga, Secuencia Chobart es parte de una mala resaca después de una divertida noche e excesos.

Apenas sí conozco a Pablo Rumel, de quién dicen sin embargo es un magno exponente de la nueva generación de autores que tratan de poner su huella en la ingrata acera de la fama de los escritores chilenos. Por tanto solo tenía como antecedente que el susodicho escritor era poeta y poseía un prosa envidiable.

Una vez saqué la novela de mi bolso, la curiosidad me llevó a leerla, después de todo, uno debe estudiar a quienes son sus enemigos directos o bien quienes son nuestra competencia (lo sepan ellos o no).

Me llamó la intención la definición en la portada, esa que dice “policial esotérico”, por tanto traté de prepárame para enfrentar un texto que se sale del realismo en forma de sucesos extraños y sobrenaturales de carácter espiritual o algo parecido.

Al abrir las primeras páginas y atacar el texto me vi obnubilado por la pluma de Rumel que seduce de inmediato, el primer capítulo corre como un caballo por una pradera. La escena de onanismo femenino está descrita con una maestría francamente envidiable, y créanme, tengo experiencia en escribir textos de esa guisa. La primera escena es un golpe desequilibrante, un gancho al mentón perfectamente ejecutado.

Caemos luego a la anodina vida de un detective, del cual nunca conocemos sus preocupaciones ni motivaciones, con el cual jamás nos sentimos identificados, no sentimos su miedo, ni si hambre por descubrir al asesino, lo cual tendría que ser el motor de la lectura de esta novela. Rumel baja la guardia en este momento.

Y saltamos así por las experiencias de las siguientes víctimas, y las del detective que carece de toda pista respecto al asesino y también de toda teoría y especulación creíble. Como lector, me sentí desmotivado, no hay zanahoria delante del conejo para motivarlo a seguir adelante. Aún así, traté de unir los puntos que me llevasen a una respuesta, pero las pistas estaban ya dadas para suponer que las pinturas tienen un poder en sí mismas, que la secuencia de pinturas es un ente que se proyecta en la realidad y despelleja a la gente. Pero mi experiencia me decía lo contrario, todas las novelas policiales aparentan esta imposibilidad, este esoterismo en el acto criminal. Las novelas antiguas eran un acto de magia revelado, y era eso justamente lo que nos llevaba hasta la conclusión. Al final de la novela nuestra mente racional se vería satisfecha, pues los hechos se verían explicados a la luz de esa racionalidad que subyuga a la mente humana, esa lógica aristotélica que define nuestra realidad en términos objetivos y ese método científico que no ha traído a la era de las comunicaciones. Y por tanto, continuamos buscando, como el detective, la lógica de los hechos presentados ante nuestra mente que trata desesperada de unir los difusos puntos que Rumel nos deja sobre las páginas de su novela.

Rumel, al contrario de Conan Doyle, se aventura en sentido contrario, por algo esta novela es un policial esotérico, y no simplemente un policial. Lo imposible se vuelve posible. Y aquí viene el golpe final de Rumel, el que tendría que dejarnos tumbados en la lona, pero Rumel nos ha dado demasiada información, y hemos telegrafiado el golpe, que termina siendo flojo, lento, aburrido.

Al no haber desarrollo de personajes, y sostener la novela solamente en la información que nos ha proporcionado, el escritor se la juega todo por el todo, y cuando el caso se cierra sin haberse resuelto, nuestro final es también inexistente, es obvio que las pinturas son las asesinas, pero necesitamos alguien que nos lo diga, pero no existe ningún personaje que haya hecho el viaje con nosotros, por lo tanto al final estamos solos, sin texto, con la misma conclusión que sacamos en el capítulo uno. Frente a la descripción detallada de las pinturas, las verdaderas asesinas. Con la sensación de que todo el camino que recorrimos para llegar a este lugar era completamente inútil.

Finalmente, creo que el libro es una obra mejor que la media, se puede hablar de conceptos que tienen que ver con la construcción del metatexto, y no del texto en sí, que está construido de manera impecable, aquí no hay problemas de redacción, ni de las estructuras básicas, aquí hay una persona que domina el lenguaje y ese es un gran logro para la literatura fantástica Chilena, Secuencia Chobart es una novela experimental y ambiciosa que no logra su objetivo (al menos no lo logró conmigo) pero que sí tiene un objetivo claro, donde hay un escritor que sabe lo que hace. Rumel nos promete (si es menos ambicioso) entregarnos verdaderas joyas literarias.

Martin Muñoz Kaiser.

Written by Amo del Calabozo

February 20, 2014 at 1:29 pm

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