El Calabozo del Amo del Calabozo

Cultura pop

La ficción cura el sinsentido

por Emilio Araya Burgos

Hace unas semanas, leí por primera vez el crossover de Atómica y el Grupo de Contención Manu Tara. Se trata de una historia sencilla, luminosa y dinámica, cargada de acción y con un ritmo narrativo agradable y fácil de seguir, muy en la vena del universo narrativo que Sergio Alejando Amira ha estado trabajando con Atómica (el personaje) en la primera de las novelas gráficas de la serie editada recientemente.

Poco después, leí el trabajo que tienes frente a ti y me encontré con una historia mucho más oscura, melancólica, meditativa y reflexiva, con páginas enteras dedicadas al silencio o a la reflexión de los personajes. Recuerdos, despedidas y terribles condenas cósmicas pesaban sobre los héroes, mucho más, quizás, que la amenaza del horror lovecraftiano salido de las profundidades que estos debieron enfrentar en el número anterior. De un cómic a otro, los desafíos se vuelven, antes que físicos, emocionales. Los protagonistas se enfrentan ya no a los demonios del mundo antiguo, sino a los demonios de su propio corazón.

Lo que más me llama la atención es que a pesar de los contrastes presentes en las obras anteriormente mencionadas hay algo común en ambas y que va más allá de la dinámica de la narración en si. Hay un rasgo de continuidad que trasciende con holgura las limitaciones contextuales, presente sobre todo en la figura de Atómica, quien es capaz de plantarse exactamente igual en todas las situaciones y mundos posibles. Dicho de otro modo, al alter ego de Javiera no le preocupan ni el estado mental del creador ni las demandas de oscuridad, violencia y melancolía de aquellos que creen que solo la densidad existencial suma puntos a la narrativa de los comics y a la narrativa en general. En este caso, el personaje logra sobreponerse a dos momentos creativos diferentes de la vida de su autor, siendo fiel y coherente consigo mismo.

Hace unos meses, hablaba con Sergio Alejandro Amira sobre la importancia de crear personajes potentes, capaces de convertirse en símbolos reconocibles y autónomos. Que Atómica sea capaz de seguir siendo la chica alegre, tierna y desenfadada en todos los universos posibles es sin duda la mejor prueba de que los personajes son dueños de las historias y no al revés y que la devoción al ideal que representan es tal que pueden sobrevivir perfectamente a los cambios atmosféricos. No importa si la historia es triste, o lenta, escrita para adolescentes hormonales o para niños amargados de más de treinta años. Los personajes, cuando están bien hechos, reaccionan como las personas de carne y hueso. No se someten a lo que uno quiere de ellos, sino que se ríen de nuestro miedo a la luz y encienden una llama de esperanza ahí donde se decretó desesperanza, oscuridad y desconsuelo.

Prólogo de Emilio Araya Burgos para el Crossover Atómica/Ranok de Sergio Alejandro Amira y José Miguel Villarroel disponible en MitomanoComics.

Written by Amo del Calabozo

January 15, 2013 at 7:34 pm

One Response

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  1. Ranok ahora si se ve pétreo y sin embargo se lo descubre diferente…

    Atómica cada vez mas interesante…

    Estos personajes se las traen, se vuelve mas difícil no dedicarles el tiempo que se merecen…a pesar de que la procrastrinación sigue castigada

    Martillo

    January 20, 2013 at 3:03 am


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