El Calabozo del Amo del Calabozo

Cultura pop

Post 500: Atom Candy

Una de las escenas que más me impactó de Adaptation (El Ladrón de Orquídeas) es cuando Charlie Kaufman asiste al seminario de Robert McKee y le dice:

“Señor, ¿y si un guionista intenta escribir una historia donde no pasa gran cosa? Donde la gente no cambia ni tiene ninguna epifanía, luchan, están frustrados pero no llegan a nada… más bien como un reflejo del mundo real”.

McKee responde: “¿Qué no pasa nada en el mundo? ¡Joder! pero, ¿tan mal estás de la cabeza? Se asesina a gente todos los días, hay genocidios, guerras, corrupción. Cada puto día alguien en el mundo sacrifica su vida para salvar a otra persona, cada puto día alguien en algún lugar toma la decisión consciente de destruir a otra persona… la gente encuentra el amor, la gente lo pierde… ¡Por amor de Dios! Un niño ve como matan a golpes a su madre en los peldaños de una iglesia… alguien muere de hambre, alguien traiciona a su mejor amigo por una mujer. Si no puedes encontrar todo eso en la vida, entonces, amigo mío, no tienes ni puta idea de lo que es la vida. ¿Para qué me haces perder a mí dos valiosisímas horas con tu película entonces? ¡No me interesa lo más mínimo!… ¡Tu película no me interesa lo más mínimo!”

Aquí en su versión original, aquí subtitulada, y aquí en italiano just for the sake of it.

Está de más decir que si cito esta escena es porque tiene mucho y todo que ver con Atom Candy, la novela gráfica en la que Pablo Santander y yo comenzamos a trabajar a mediados del 2011.

Pese a que la novela ha tenido una larga trayectoria como género y ha sido objeto de múltiples investigaciones, no disponemos actualmente de una teorización que permita plantear una definición unívoca de la misma. Para George Sand, por ejemplo, la novela es: “Una cosa muy simple y muy conmovedora”, mientras que para Julia Kristeva, la novela es: “Todo texto que revele el ideologema ambiguo del signo”. La definición que más me agrada creo que está a medio camino de las dos anteriores y la ofreció Henry James: “La novela en su definición más amplia no es sino una impresión personal y directa de la vida”. ¿Y qué es vida?, vida es accción del ser humano sobre el mundo, parafraseando a Serrano en su prólogo a la edición de 1938 de la Antología del verdadero cuento en Chile… “vida es humanizar”.

¿Qué es lo que más ambiciona un escritor?, bueno, distintas cosas y ya que no soy el vocero de nadie salvo yo mismo… reformulo la pregunta y digo: ¿qué ambiciono yo como escritor?: pues que mis personajes no sean de cartón, que estén vivos, que existan en un mundo y que actúen sobre ese mundo. En eso me he empeñado desde que publiqué mi primera novela hace cinco años y creo que he logrado ciertos progresos, principalmente en lo que al proyecto Atom Candy se refiere. Progreso que no sería posible de no contar con Pablo, con el que solemos bromear formamos una dupla a lo Lennon-McCartney, guardando las proporciones por supuesto.

Atom Candy es una novela gráfica. Y si, como dije antes, la definición de lo que es una “novela” es conflictiva, la de “novela gráfica” lo es aún más. Echemos mano a la siempre útil Wikipedia, ¿qué nos dice de la novela gráfica? Pues que en su sentido más estricto, puede definirse por los los siguientes rasgos:

-Formato de libro.

-Un único autor y más raramente un grupo de ellos.

-Una única historia, extensa y con tendencia a la densidad.2

-Pretensiones temáticas de la Literatura con mayúscula, con recurso al subjetivismo autobiográfico, flash backs, diferentes tiempos narrativos, etc.3

-Destinada a un público maduro o adulto.

La Wiki agrega que el término se usa mucho por editores y periodistas, pero que ha encontrado resistencias entre autores y teóricos, entre los cuales algunos de los más destacados como Daniel Clowes, Chester Brown, Seth o Craig Thompson prefieren llamarlas con nombres tales como “comic strip-novel”, “comic-strip biography”, “picture novella”, “illustrated novel” o “graphic memoir”.

En lo que a Pablo y a mí respecta, concebimos Atom Candy como una novela entendida como “el reino de la libertad de contenido y de forma”. Es gráfica, obviamente que sí, es webcómic, porque se publica en la red, pero en su escencia es una novela entendida como una naracción de carácter abierto que nos otorga la libertad de incorporar elementos de diverso carácter, ya sean personajes, historias cruzadas o subordinadas las unas a las otras y tal, como dice la Wiki: “presentar hechos en un orden distinto a aquel en el que se produjeron o incluir en el relato textos de distinta naturaleza: cartas, documentos administrativos, leyendas, poemas, etc.”.

El formato, además, nos da la tremenda ventaja de poder cambiar lo que nos plazca, agregar páginas retroactivamente, modificar el dibujo o hasta la apariencia de un personaje dado el caso. El formato del webcómic serializado nos ofrece un control con el que hace poco nos hemos familiarizado y que satisfizo completamente nuestras expectativas en relación a la historia que queríamos contar, y como queríamos contarla.

Cuando Alberto Rojas, un amigo escritor que admiro y respeto mucho, me preguntó sobre el origen de Atom Candy, le contesté que nació de las ganas de crear una historia que fuese un work in progress, algo que creciera orgánicamente y que se extendiera por un lapso de tiempo considerable, como Cerebus de Dave Sim por citar un ejemplo.

Una de las cosas que agregué en aquella entrevista para EMOL, fue la siguiente: “Como (Atom Candy) es un reflejo de la vida misma, podemos seguir por siempre. La idea es ver a los personajes principales interactuar y crecer, convertirse de adolescentes en adultos. Supongo que Atom Candy es más parecido a una novela que un cómic en el sentido que nos tomamos todo el tiempo que estimamos necesario en contar la historia, es por esa razón que algunos lectores podrían aseverar que en Atom Candy no pasa nada. Tienen todo el derecho a pensarlo, por supuesto, es una cuestión de gustos y como dicen: sobre gustos, colores. Hay gran variedad de cómics y webcómics explorando todo tipo de géneros y posibilidades por lo que, una sugerencia que podría dar a los eventuales lectores es: si el ritmo pausado, la introspección y los diálogos o silencios extensos son algo que te aburre, pasa por alto Atom Candy”.

Como le conté a Alberto en aquella entrevista, si bien existe un guión base o troncal, nos hemos dejado llevar por lo que los personajes y la historia misma nos va comunicando debe ir sucediendo. Muchas veces, tanto Pablo como yo, nos hemos sentido como meros espectadores de nuestra propia obra, como médiums canalizando algo que ya existía. Me recuerda lo que supuestamente habría respondido Miguel Ángel cuando un día le preguntaron cómo podía hacer aquellas maravillas con el mármol. Miguel Ángel condujo a quien eso le preguntaba ante un bloque de mármol recién extraído de las canteras de Carrara, y le dijo: “La estatua está contenida dentro, sólo hay que quitar al mármol lo que le sobra”.

Hace muchas páginas atrás que con Pablo abandonamos el guión troncal y hemos estado interpretando ambos lo que uno y otro produce, como leyendo el Tarot. Hemos reordenado páginas, hemos agregado e intercalado páginas nuevas, he cambiado completamente diálogos ya escritos porque los rostros y las poses de los personajes dibujados por Pablo están evidentemente diciendo otras cosas…. Es una suerte de alquimia, es una suerte de magia, es algo que está vivo y que crece ante nuestros ojos sin que podamos evitarlo. Como artífice, es el proyecto que más satisfacciones me ha reportado jamás. Atom Candy es la niña de nuestros ojos, la queremos, la cuidamos, y eso es algo que por el feedback de nuestros lectores, sé que se nota.

Completamos ya sesenta y tres páginas, y vamos por cien, y vamos por mil… sorpresas hemos tenido muchas, como la irrupción de Maddie en la trama, la cual jamás previmos, o la relación entre el profesor que habla sobre la belleza de la imposibilidad de viajar en el tiempo con la directora. Tampoco imaginamos aparecer como una de las preguntas difíciles en el concurso televisivo Quién Quiere Ser Millonario (gracias por la foto, Toncy) y que utilizaríamos los nombres de las alternativas para bautizar a tres personajes que hasta ese momento, no los tenían.

No sé si he dicho algo medianamente claro, no sé si he logrado transmitir a cabalidad lo que Atom Candy significa para mí, sólo tengo ganas de celebrar y agradecer. Gracias en primer lugar a Pablo, mi amigo y colega, por creer en esta idea y ponerle el hombro sólo por amor al arte. Gracias a Roderick Usher que pagó el dominio cuando no teníamos un peso, gracias a Rodrigo Mundaca por brindarnos hosting, gracias a Alberto Rojas por su apoyo sincero y constante, gracias a Martillo Saavedra, a Gabriel Bornes, a Francisco Fernández, a Emilio Araya y a Sebastián Castillo, todos ellos nuestros “lectores ideales”, como diría Umberto Eco. Gracias a todos los que estén leyendo Atom Candy superando los prejuicios que sé, existen… y gracias a todos los que pueden ver más allá de lo evidente sin necesidades de espadas del augurio.

Por último, las últimas páginas publicadas: desde aquí. ¡Y a darle átomos!

Written by Amo del Calabozo

December 23, 2012 at 5:03 pm

3 Responses

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  1. Muchas gracias a ti, Sergio, por la amistad, la inspiración y por aquella conversación que tuvimos aquella noche sobre Batman camino al aeropuerto de Temuco que ahora me recordó a un intercambio anterior (aunque no viene al caso traerlo de vuelta a la memoria) en el que hablamos largo y tendido sobre la importancia de escribir sobre la adolescencia aunque no hubiera ni magos ni extraterrestres entre medio. Gracias por compartir esa necesidad conmigo a una generación de distancia y por el honor de considerarme un “lector ideal” para esta aventura que tú y el maestro Pablo siguen trayendo cada día desde el remoto y a la vez tan cercano mundo de donde vienen todos nuestros sueños :)

    Un abrazo,

    E.

  2. Un lector es un compañero de aventuras.

    Pasivo, como muchas generaciones de humanos que pudieron disfrutar de mundos creados por terceros y dales vida en el interior de su ser con el discurrir de las páginas…

    O activo, como era el ideal de Cortázar y de Borges…un cazador de citas y buscador de tesoros…encontrando destellos del mundo “real”, despertando de ese marasmo donde discurrimos gracias a las bocanadas de aire que se esconden entre renglones de negro sobre blanco.

    Parafraseando a Borges, (una vez más, ¿se me puede culpar?), a nosotros como lectores (y a toda la humanidad a lo largo del tiempo), nos tocó vivir tiempos difíciles.

    Tenemos la ventaja de poder interpelar al autor y expresar nuestra admiración o descontento casi en tiempo real.

    Y aunque nadie pensaría en andar quebrándole las piernas a Sergio o amarrando al pobre de Pablo para lograr más y mejores páginas de Atom Candy u otra de sus obras, a veces si dan ganas de torturarlos un poco, al menos hasta que entiendan que nos merecemos más historias…no somos al fin y al cabo los que estamos “al otro lado”?

    Lo merecemos todo! (y lo queremos más o menos ya…)

    Aprovecho esta pausa para celebrar…los autores y artistas se toman el tiempo para auscultar en sus almas (¿las tienen? aparentemente,si) y compartir.

    Sinceramente…se les agradece.

    Nota al pie: Que mujerón, Caitlin!

    A cualquiera le dan ganas de meterse al mar con semejante belleza.

    Martillo

    December 23, 2012 at 6:45 pm

  3. Hasta el día de hoy tengo mis dilemas y cuestionamientos respecto a la teoría del conflicto central y comparto muchas de las críticas que realiza Raúl Ruiz a ese paradigma, aunque tampoco comulgo con todo lo que él señala… pero bueno, en fin. El asunto es que igual creo que estamos acostumbrados a ver todo “como en las películas”, o “como en los cómics”, donde priman las historias épicas, los dramas-como-en-la-vida-real pero al final no son más que pautas, situaciones maqueteadas conducentes al gran final y maquilladas con aderezos 3D, HD y 48 frames por segundo de cotidianidad. Cuando la vida no es así poh. No todo (o más bien, casi nada) sucede como en HBO. La vida es azarosa, no-lineal, impredecible, con situaciones que uno monta en su mente-agenda pero que con el transcurrir del tiempo, se desmontan (o rearman distinto) sin que puedas evitarlo. Sin guión de por medio: he visto promesas incumplidas porque la muerte llega cuando menos uno lo esperaba, por dar un ejemplo. Y también he visto (y sentido, inclusive) momentos en que no tienes idea cómo ni cuándo van a terminar las cosas, pero un abrazo pareciera ser la mejor respuesta a tus dudas, que igual van a seguir contigo al otro día. O no saber si en realidad tienes “algo” con ese “otro alguien” y que no exista palabra alguna que pueda ayudarte a definirlo… todos esos momentos los veo en Atom Candy.

    Por el hábito lector digo que son personajes, que es un cómic y mi cerebro los decodifica como tales. Pero desde la emocionalidad, veo personas. Desde mi experiencia/historia de vida, percibo seres humanos. Me identifico con ellos (aunque en realidad, casi son “ellas” no más xDDD) no porque viven situaciones similares a las que yo he vivido, si no porque sienten como yo he sentido/siento.

    Quizás no es el momento más idóneo y puede que incluso mi confesión derive en otra cosa, con pedradas en el frontis de mi casa perpretadas por S.A.M. Y P.S. :P pero Atómica la encontré entretenida, bien lograda (como obra y divertimento). Pero nada más. En cambio Atom Candy me conquistó de una, rallé la papa pesao con ella y me acordé de un montón de cosas mías. Igual como me pasa muchas veces con las experiencias de la vida que cualquiera de nosotros puede tener o ha escuchado por ahí.

    Le deseo mucho pero mucho futuro a Atom Candy. Que tenga “vida” para rato :D

    Sebastián Castillo

    January 4, 2013 at 7:49 am


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