El Calabozo del Amo del Calabozo

Cultura pop

The Ultimates: lecturas posmodernas

El título The Ultimates de Marvel Comics es una de las últimas revisiones del grupo Los Vengadores que hemos visto publicada en castellano y resulta un enjuague de muchas referencias mediáticas, que han ido emergiendo a medida que los fanáticos las han descubierto, pero que aun así es un producto interesante y cuya lectura se disfruta. Los hacedores de este milagro cotidiano son Mark Millar y Brian Hitch, los mismos que demostraron que sí existen las grandes superproducciones en el cómic con la serie The Authority, aunque cada cual por separado. Esta vez se reúnen para, de alguna forma, continuar el trabajo de aquel título jugando en el gran patio de Marvel y el resultado es tan impresionante que Hitch estuvo nominado por ello a los premios Eisner y Harvey para la producción del año 2003.

The Ultimates corresponde a una de las ramas de la exitosa política del editor en jefe de Marvel, Joe Quesada, quien, desde que asumió el cargo, ha renovado toda la gama de publicaciones de la Casa de las Ideas, imprimiéndole un ritmo y una novedad aplastantes como no se veía en mucho tiempo. Para el caso, esta línea representa una visión lujosa, matizada con guiones inteligentes y centrada en el desarrollo de los personajes para un público objetivo que se puede encantar con los cómics sin haberlos leídos y que tiene un amplio conocimiento de la cultura pop norteamericana. Es decir, cómic para gente inteligente y sofisticada, lo cual puede ser una etiqueta un tanto dura y cínica, pero que es muy correcta sin pretender menoscabar el producto.

Este artículo revisa los primeros seis números de The Ultimates (publicados por los mexicanos de Vid en tres tomos), en espera de terminar el segundo gran arco argumental de Millar. Ante todo decir que vamos a encontrar todos los tópicos que gustan del autor y el dibujante, de modo que no estamos ante una nueva obra de ellos sino a un perfeccionamiento de sus artes, como si desde siempre hubieran hecho este cómic. Los personajes cínicos e histriónicos de Mark se pasean por doquier desde Samuel L. Jackson en el papel de Nick Furia hasta un asiático Timothy Dalton interpretando al Hombre de Acero, en tanto que el presupuesto de Brian para el montaje de la historieta debe acercarse a unos cuantos cientos de millones de dólares bien gastados.

Todo comienza con una escena perdida de En Busca del Soldado Ryan, un gran desembarco aéreo en Islandia sobre un enclave industrial nazi que alberga un misil intercontinental amenazando a los Aliados. Infierno en tonos rojos, lluvia y muerte que acompañan los esfuerzos del Capitán América y Bucky Barnes por detener el despegue de la bestia. Casi muy tarde el Capitán logra detener espectacularmente el misil cayendo el mismo al mar y dándose de baja durante los próximos sesenta años. Con este prólogo poderoso uno advierte por donde van los tiros al contar desde el principio las viejas historias para las audiencias jóvenes y las que no están interesadas en bucear en la añeja continuidad. Esto y la intención de atrapar con una narrativa sólida y espectacular. El libro continúa con los esfuerzos de Samuel L. Jackson en la piel de Nick Furia (elegante, entrador con clase), comandante de S.H.I.E.L.D. por articular una unidad especial de defensa de los Estados Unidos con un presupuesto que avergonzaría a cualquiera democracia europea, de hecho, el mismo Nick declara entusiasmado: “Ser comandante de S.H.I.E.L.D. es como ser el Papa, la reina y el presidente de los Estados Unidos al mismo tiempo, doctor Banner.” Nada que agregar…

Como un típico volumen de inicio, se presentan los personajes principales que, curiosamente, casi son la formación clásica e inicial de los Vengadores: los Pym (un aquí igualmente pelotudo Hank y una exquisita Janet de rasgos asiáticos), Tony Stark (dandy con problemas de bebida, casi tan rico como Bill Gates aunque mucho más simpático) y Bruce Banner (vacilante, autodestructivo, incubador del monstruo [“Betty compró uno de esos libros(…) de autoanálisis (…) y decidió que yo era una influencia tóxica.”]). En definitiva, un primer volumen bien escrito y mejor dibujado que se desliza suavemente hasta que ya te leíste el final y esperas fervientemente el siguiente. El segundo libro se abre con un claro homenaje a la serie Marvels de Alex Ross con Hank Pym caminando gigantesco por una playa. Pero lo central es que el Capitán América se une al equipo más cool de superhéroes, aunque al principio tiene un altercado con Furia, al no creer que un negro pudiera ostentar un cargo de tal jerarquía. Un pequeño gran detalle para alguien en cuyo tiempo la dominación blanca era la norma. Bueno, las cosas están algo cambiadas para el Cap, incluyendo a su “pequeño” ayudante Bucky que se casó con la prometida del héroe y tuvo cuatro hijos y siete nietos. Un poco de desbarajuste, algunos lagrimones y frases para el bronce y ya estamos, el Cap acepta su destino para su país, de modo que a otra cosa, mariposa…

La presentación del grupo en una gala en el Triskelion (otra extensión de The Authority. Esta vez es la encarnación del Carrier) tiene que ser en grande, con muchos canales de televisión y otros medios por que hay que recuperar el dinero de los contribuyentes. Aquí ya nada se oculta, no hay segundas personalidades y el objetivo es derechamente militar y patriótico, dada la historia reciente de los Estados Unidos y el terrorismo. Incluso está el mismo presidente Jorgito Bush, Jr. y sus sempiternas preguntas caídas de cajón, pero que no se comparan con la aparición de Clark Kent, Luisa Lane y Jimmy Olsen en una de las viñetas. Se desenvuelven un poco más las líneas narrativas con un patético Dr. Banner intentando (y fracasando) sintetizar el suero del supersoldado, agarrando presión y depresión, azuzado por la bruja ejecutiva y exitosa de su esposa. El Cap, que sigue sin evolucionar mucho (¿por imposición editorial?), aprende a ponerse unos vaqueros y a conectarse a lo poco que queda de su vida anterior y los Pym que gozan descerebradamente la fama. Lo primero mejor que tiene el número es ver a un Thor pacifista, antimilitarista, antisistema y anti-juguemos-a-ser-héroes que les da calabaza a mírenme-qué-cool-soy Samuel y mírenme-soy-basura Banner, y que ha tenido algo así como una comezón del séptimo año sin estar casado y cree ser un salvador milenarista: “Claro que vine para salvar al mundo, General Fury. Salvarlo de gente como tú.” ¡Chúpate ésa, Jackson!..

Lo segundo mejor es de antología, con el equipo reunido y distendido, como en un episodio de Friends, se dedican a fantasear sobre qué actor haría a cada quién en la próxima película basada en el superequipo: Brad Pitt para el Cap (mala elección, alguien con la mandíbula más cuadrada como Dolph Lundgren estaría mejor), Lucy Liu para la señora Pym (da lo mismo, todos los asiáticos se parecen), Stuart Little como Bruce Banner (es demasiado alegre, un Haley Joel Osment depresivo sería mejor) y adivinen qué actor para el negrazo de Nick Furia. Exacto. El libro concluye con Woody Allen, digo, Bruce Banner cometiendo otro error en su despreciable existencia al llamar a Betty Ross, su esposa, para decirle que se ha inyectado una mezcla más explosiva que el peyote con yumbina sólo porque extraña ser Hulk y destrozar la propiedad privada. Betty, que está cenando con Freddie Prince, Jr. (¡Freddie Prince, Jr.!, por favor) para convencerlo de aparecer en la película, se siente muy mortificada. Haciéndola corta, Bruce Banner se trasforma en Hulk en medio de una concurrida avenida, gritando al aire “¡Hulk odia a Freddie Prince Junior!”, a lo cual nos uniríamos unos cuantos miles de cinéfilos. OK, una emergencia, es de noche, destrozos, demasiado movimiento para un día laboral y el gato de la abuela anda desaparecido, ¿a quién vamos a llamar? ¡Vengadores, reúnanse!.. ¡Náh! Eso eran los Vengadores antiguos, estos son los Ultimates y el tercer episodio empieza con un sólo plan en la mente del Cap: “Sólo lo golpearemos hasta hacerlo caer”. Ni Harry el Sucio lo hubiera pensado mejor. Los que sí lo hacen son Millar y Hitch quienes, saltándose todos los protocolos y metiendo el acelerador a fondo, se lanzan a describir una pelea descomunal contra un Hulk con corte skinhead por muchos lugares reconocibles de Nueva York como la estación Grand Central y las avenidas con nombres de número.

Y aquí encontramos otro de los múltiples homenajes a ese Matrix de los cómics que fue The Authority, al mostrarnos con fuerza narrativa y primaria la destrucción a gran escala y con mucha gente mirando, con todos los detalles y consecuencias de que un grupo de superhéroes se aporree contra una superbestia en la vida real. El caliente Hulk sólo tiene en mente llegar hasta Betty Ross para arrancarle la cabeza a Freddie y luego tirarse a la muñequita y llenarle todos los agujeritos (bueno, eso me lo imagine yo porque es justo lo que haría). Lamentablemente no es lo mismo que piensan los Vengadores, quienes alternativamente se lanzan sobre Hulk (¿por qué no lo atacan todos juntos, me pregunto?) sin llegar a molestarle mucho: Giant Man cae presa de su propia fanfarronería, mientras que el monstruo verde le espabila la borrachera a Tony Stark de un puñetazo, en tanto que la señora Pym no tiene más opción que atacar con lo que mejor tiene: mostrando las tetas, que curiosamente es la estrategia más efectiva hasta ese momento, obligando a un fascinado Hulk a distraerse para que el Capitán América le caiga encima con todo el tonelaje de un tanque blindado. No obstante, Hulk es un hueso duro de roer y falta casi un milagro para detenerlo; pues dicho y hecho, el dios del trueno hace aparición en una viñeta que casi me deja patidifuso, imaginándomelo con el volumen máximo del rock de la banda Moonspell y cabeceando con el índice y el meñique extendido.

Thor, hijo de Odín, en medio de una sinfonía de relámpagos y tormenta, le da una tremenda sesión de mjolnirazos, sólo para terminar humillado por la bestia como los otros que mordieron el polvo. En un último asalto concertado, Wasp, la señora Pym, se introduce en su cerebro para lograr una especie de cortocircuito entre las dos únicas neuronas de Hulk, dejándolo fuera de combate. Todo vuelve a la normalidad y la bestia de nuevo es Banner, quien se come un fuerte bototazo del Cap por la culpa que le cabe en la destrucción de Nueva York. El siguiente segmento del libro se cuelga facilísticamente de la tragedia de las Torres Gemelas para mostrar la ambientación de dolor de la ciudad, al igual como lo han hecho todos los cómics norteamericanos para enlutarse también por los que cayeron en Madrid… ¿Qué?, ¿que no lo han hecho? Bah, juraba que así como estuvimos con ellos iban a estar con los españoles, al parecer a los gringos sólo les gusta la del burro. Pues volvamos a lo nuestro porque esta es una ocasión para aprovechar por los Ultimates, ya que todos creen que Hulk era una amenaza sin relación con S.H.I.E.L.D y su supergrupo, y que estos han salvado la ciudad. La fama está servida y los Ultimates son un éxito mediático. El final se desenvuelve entre la dicotomía de una amable cena ofrecida por Tony al Cap y Thor y la furiosa violencia doméstica del matrimonio Pym. Mientras Stark tiene la cursilería de regalarle su casco original al Capitán América, Hank Pym, en las antípodas de la sutileza, ataca con insecticida a su diminuta esposa y luego la intenta despedazar controlando a un ejército de hormigas. ¡Sí, Pym al fin desatado como el lunático que es!

¿Y luego qué viene? Pues muchas cosas más como la pelea callejera entre el Cap y Hank Pym en el pub Red Lion, la Viuda Negra y Hawkeye en plan Trinity y Neo arrasando un edificio completo, una megaconspiración extraterrestre, el dios Thor (Thor es Dios), pero por sobre todo, la santa demolición de grandes cantidades de artefactos y explosiones por doquier que harán las delicias de los nihilistas y los que creen que Bryan Singer debe dirigir The Ultimates.

En definitiva, éste es un título que le debe a casi todas las series televisivas y sagas cinematográficas norteamericanas importantes del último lustro y no tiene ningún empacho en decirlo. Lo importante es que Mark Millar y Brian Hitch no han hecho un producto reciclador y que deje las cosas sencillamente en la superficie, sino que todas las referencias están bien justificadas y contextualizadas en una trama y con unos personajes bien explorados (con la excepción del Capitán América). The Ultimates se erige como el mejor título de la línea Ultimate de Marvel, que no es poco, y como uno de los mejores cómics de superhéroes para leer, junto con los X-Men de Grant Morrison. Gocen leyéndolo como yo lo hice… ah, y lean las viñetas de Thor con Moonspell de fondo.


CC 2004, Luis Saavedra. Attribution-NoDerivs 2.0. http://creativecommons.org/licenses/by-nd/2.0/

Publicado originalmente en Calabozo del Androide #11 Mayo, 2004.

Written by Amo del Calabozo

December 5, 2011 at 1:31 am

4 Responses

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  1. Frase memorable:

    Capitan America después de darle una tremenda paliza a un Skrull: ¿Crees que esta A significa Francia?

    Hércules Cibopático

    December 7, 2011 at 4:01 pm

    • Curiosamente los franceses ostentan en Us el título de cobardes.

      Me pregunto que opinaría Lafayette de tal calificativo.

      Martillo

      December 12, 2011 at 12:35 am

  2. Ultimates:

    Como retconnear sin reconocer que lo estás haciendo.

    Martillo

    December 12, 2011 at 12:36 am

  3. Mmmm hay que recordar a los maquis y a los seguidores de Patain,; el mismo idiota que en la Primera Guerra Mundial insistió en que los soldados “caminaran” hacia el enemigo. Y que se negó a que le cambiaran el uniforme alegando que “el pantalón rojo era Francia”. O uno de los cuantos que creía que la línea Maginot era inexpugnable…OMG me fuí para otro lado XDD

    Gabriel Bornes

    December 12, 2011 at 2:22 am


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