El Calabozo del Amo del Calabozo

Cultura pop

Cerebus, Writing: paseo campestre por una página.

Elegir un cómic cualquiera, de esos que no he visto en años, verles las portadas, revisarle las entrañas, ¿quién me dices que es el guionista?, el dibujante es muy discreto, splash pages, color, sombras. Las líneas cinéticas se mueven a lo largo de las páginas, luego viene un trazo limpio, estático, para dejar paso a una forma monolítica de componer las páginas. Nada de eso me convence y me sigo revolviendo en la indecisión, no tengo ningún tema y ya me parezco a un personaje de Seinfeld, deambulando. Se nota que hace tiempo que no leo nada de cómics, que no estoy al tanto ni de la Casa de las Ideas ni de DC Comics, mucho menos de algún cómic europeo y hermoso como Black Sad: Artic Nation, que me sigue esperando en el estante de aquella revistería, según recuerdo. Elegir un cómic cualquiera, de esos que viste la semana anterior pero pasaste de él porque no estabas de humor, y mucho menos lo estás ahora. Paso el dedo página tras página y luego me llevo una mano a los ojos, rascándome el cansancio. Escribir sobre nada no es un arte, es una derivación ociosa y desesperada.

Entonces me rindo, acepto que me es imposible encontrar un tema sólido, racional, para una columna llena de buenos argumentos, para lectores llenos de conocimientos. Estoy pegado en un número de Cerebus #52. Blanco y negro. Página 4 ó 5. Al final de la página aparece la extraña palabra “FIN”, en castellano, en un comic-book que está en inglés, en donde un enorme gañán de camiseta listada termina por irritar al ser peludo y éste le quiebra una silla en la crisma. ¿Cerebus no debería morir en el 20…? ¡Es ahora, ya pasó! Cerebus muere en el número de marzo de 2004, completando un enorme periplo de 300 números.

Cerebus The Aardvark fue un oso hormiguero humanizado en un mundo lleno de personajes humanos y creado a la sombra del Pato Howard, de Marvel Cómics. En realidad pretendía ser una parodia de Conan el bárbaro, pero en el número 25 las historias se vuelven un poco más serias, sin dejar de ser divertidas, más largas, sin llegar a ser extenuantes –con excepción de la saga Church and State, que demoró cinco filosóficos años–, y salen del pequeño espacio de la Casa de las Ideas para explorar el ámbito que el cómic le ofrecía a su creador. Por supuesto, su creador fue el canadiense Dave Sim, quien, en diciembre de 1977 inició con Cerebus uno de los periplos más largos y personales que un artista de los cómics puede llegar a aspirar con una sola creación, sin ningún apoyo editorial, sencillamente tirando hacia adelante. Cerebus se ha transformado en un símbolo dentro de la industria que varios artistas han tomado como modelo, como lo han sido Terry Moore (Strangers in Paradise) y Jeff Smith (Bone), incluso fue célebre su paso por el título del entonces adalid de la libertad comiquera, Spawn, cuando en su número 10 intentó liberar a muchos conocidos personajes superheroicos de sus ataduras editoriales. Cerebus es Sim y Sim fue Cerebus, de tal forma que mientras el título crecía también lo hacía el artista, experimentando con sus formas narrativas y expresivas, completándose arcos monumentales que duraban años, con alguna obra maestra como la redonda saga Jaka’Story.

La escena pertenece a la mini-historia denominada Writing y muestra a Cerebus sumido en una profunda reflexión sobre las desventuras del papel de gobernar, mientras que un tahúr de los peores se jacta de una cruel aventura con grandes aspavientos. Bueno, la narrativa se mueve en dos planos, incluso en planos supuestamente escindidos en el principio de la historia, pero que luego uno comienza a influenciar al otro. ¿Es esto un meta-lenguaje? ¿Surgió como una forma de jugar en la narrativa como lo mío es una forma de obviar la tesis? Siempre se ha dicho que hay que leer entre líneas o que una novela tiene muchos planos superpuestos, pues en esta página está expuesta en forma prístina aquello de líneas narrativas paralelas, y que sin embargo, no pueden leerse la una sin la otra, ni tampoco una después de otra. Separadas, están íntimamente ligadas como dos piernas de un atleta.

Esta separación de planos se denota por el uso del texto, especialmente en la tipografía: Cerebus escribe y sus textos aparecen en cursiva, en tanto que el tahúr usa los clásicos globos de diálogo; el lenguaje de nuestro héroe es docto y reflexivo, el de nuestro villano es vulgar y sin filtros. El texto entonces aparece utilizado en el cómic para realzar una atmósfera o una característica propia del personaje, subterfugio que se ha popularizado hace poco por las posibilidades que le otorga al autor en el control de todos los elementos de composición. Pero ello no sucede normalmente en un ambiente industrializado del cómic como lo son los superhéroes norteamericanos, en donde esta función recae en los letristas. Entonces digamos que es la prerrogativa de un artista completo: el texto se puede integrar en su obra de la misma manera que lo hace la onomatopeya, que luego revisaremos, dado que, además del contenido en sí, se transforma en una forma expresiva más. Por ejemplo, un personaje tímido hablará bajito con unas frases minúsculas y uno gritando tendrá diálogos con tipografías desgarradas o duras. Lo realmente rompedor en este esquema es que Dave Sim, en la segunda viñeta, nos muestra el texto interactuando con la acción del villano, cuando éste, para ilustrar la anécdota que cuenta, lanza su tarro de cerveza hacia la mesa de Cerebus, rompiendo la ilusión de la separación de planos y mezclándolos violentamente. Por consecuencia, el texto resulta arruinado, emborronado hasta hacerse ilegible y desaparecer, haciendo que la narrativa se vuelva una sola. Por supuesto, nuestro oso hormiguero se levanta y estrella una silla en la cabeza del malhechor. “¡Cruk!”.

La primera referencia que se tiene de la onomatopeya aparece en la obra de Flavius Sosipater Charisius, un estudioso latino de la gramática que vivió a mediados del siglo cuarto después de Cristo. Su Ars Grammatica, hoy en día severamente mutilada, es una compilación de extractos de otros autores, preferentemente griegos y latinos, que escribieron sobre la gramática. En el texto aparece el término de retórica onomatopoeia, que viene de aún más atrás, del griego tardío que significa “creación de palabras”. Su acepción moderna se identifica con aquellas palabras creadas a base de algún sonido, palabras que a buena cuenta son una imitación natural. Por ello, la onomatopeya, en Occidente, casi no necesita un conocimiento previo del lenguaje, siendo una representación naturalista basada en un alfabeto común (latino); por ejemplo, el canto de un gallo es fácilmente adivinable en francés, italiano o castellano. En el cómic su relevancia se vuelve inusual, potenciando el lenguaje expresivo del medio y es curiosa que su representación no sea literaria sino gráfica, puesto que forma parte del dibujo en sí mismo, y varía su grafismo en color, tamaño y fuente tipográfica, según sea la intensidad que representa. En consecuencia, obliga al creador a incluirlo en la composición de la página, apoyándose en ella como fondo o figura. Otro aspecto interesante es que siendo la historieta un simulacro silencioso del mundo, la onomatopeya se transforma en su banda de sonido. Su popularización se debió, paradojalmente, a la serie sicodélica de televisión de Batman, en los años 1960’s, llena de onomatopeyas violentas en peleas graciosamente coreografiadas y oblicuamente filmadas. En mi memoria la palabra “POW!” aparece para representar el cómo Batman quebraba mandíbulas a los chicos malos, mientras que “SNIKT!” es el sonido seco y mortífero de las garras de adamantium que salen de los nudillos del Hombre-X Wolverine, y “BUDDA-BUDDA-BUDDA” es inequívocamente el tableteo de un arma automática en los cómics gringos.

No me queda mucho más que agregar, aunque un tipo más inteligente que yo podría exprimir esta página hasta sus últimas gotas de consecuencia. La última viñeta es otra demostración del buen hacer y sutileza de Sim. De noche, contra las siluetas de la ciudad dormida se desata una grotesca pelea de bar, adivinable sólo por el grafismo de las onomatopeyas, y luego el final “SMASH”, sella el castigo brindado por Cerebus. “El Pato Azul”, dice el nombre del bar y luego la palabra “FIN”, que suena rara en medio de un mar de expresiones anglosajonas. Cerebus, 6000 páginas y 26 años ininterrumpidos. ¿Qué están esperando para ir a leerla?

CC 2004, Luis Saavedra
Liberado bajo licencia CC. This work is licensed under the Creative Commons Attribution-NoDerivs License. To view a copy of this license, visit http://creativecommons.org/licenses/by-nd/2.0/ or send a letter to Creative Commons, 559 Nathan Abbott Way, Stanford, California 94305, USA.

-Publicado originalmente en Calabozo del Androide #14, agosto 2004-

Written by Amo del Calabozo

April 27, 2011 at 1:47 am

2 Responses

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  1. A propósito de Cerebus, rescato esta nota del gran Luis Saavedra del Calabozo primera época.

    Amo del Calabozo

    April 27, 2011 at 1:54 am

  2. 1 grande Saavedra! y usted también Amo!
    Justo ahora estoy x empezar a leer High Society.

    Gabriel

    April 29, 2011 at 1:52 pm


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