El Calabozo del Amo del Calabozo

Cultura pop

El mutante como mecanismo argumental

“Si la ciencia ficción es, como creo, una literatura de cambios, de infinitas posibilidades, el mutante es la quintaesencia del género al centrar tales cambios en el interior de cada uno de nosotros, en el propio plasma germinal humano.”
–Robert Silverberg–

A la hora de referirse a este tema es imperioso contar con ciertas definiciones. En lo que al origen de los términos “mutación” y “mutante” se refiere, ambos se derivan del latín “mutare” (cambiar) y fueron acuñados por el genetista y botánico holandés Hugo de Vries a fines del siglo XIX.

Si un mutante es un sujeto que ha sufrido una mutación, pues debemos contar con una definición científica de este proceso. Como soy un lego en la materia, me remito a la información que he encontrado en los hipertextos del Área de Biología de la Universidad del Nordeste, Argentina, que me han parecido suficientemente confiables y que señalan lo siguiente:

“Las mutaciones pueden ser cambios puntuales que cambien un solo nucleótido por otro,  pueden implicar una deleción, duplicación o transposición de una porción de ADN o ser  tan drásticos como cambios en el número de cromosomas. Que la mutación sea buena, neutral o dañina, depende de como afecte a la supervivencia del individuo y su éxito reproductivo, también depende del ambiente y como éste puede cambiar. Con respecto a la velocidad de mutación, ésta varía mucho entre las especies e incluso entre los genes de un individuo”.

¿Y cual es la causa de las mutaciones? De acuerdo a Robert Silverberg en su introducción a la novela Tiempo de mutantes “…las mutaciones son causadas por cambios químicos en el núcleo, alteraciones de la temperatura o rayos cósmicos que alcanzan al gen; también pueden ser producidas artificialmente sometiendo el núcleo a la acción de los rayos X, la luz ultravioleta y otras radiaciones duras”.

Ahora bien, según La página de la Evolución Biológica (http://www.evolucion-biologica.cjb.net), en líneas generales los tipos de mutaciones se dividen en mutaciones génicas y mutaciones cromosómicas. Las mutaciones génicas ocurren cuando una secuencia de nucleótidos es alterada mientras que las cromosómicas afectan al número de cromosomas o a su estructura o configuración. Esta última clase de mutación es particularmente interesante (por lo menos para mí), sobretodo cuando aparecen genes duplicados y poliploidías (que puede dar origen a una nueva especie).

La película de quienes sean probablemente los mutantes mediáticos más famosos (los X-Men) nos informa que la mutación es la clave de nuestro proceso evolutivo, pero cabe señalar que los efectos en gran escala de una mutación se producen sólo cuando esta se combina con otros factores que alteren el conjunto de genes. Lamentablemente para los curiosos impacientes los procesos evolutivos son algo lentos y la tasa de mutaciones espontáneas baja. Tal y como nos informa La página de la Evolución Biológica, si bien es cierto que organismos con períodos muy cortos entre generaciones y ciclos haploides como los procariotas sólo pueden evolucionar rápidamente mediante mutaciones, “…en la mayoría de los animales y vegetales, su condición diploide y sus ciclos de vida largos previenen que la mayoría de las mutaciones afecten de manera significativa a la variación de la población. Estos organismos dependen de la reproducción sexual para producir la variabilidad genética que hace posible la adaptación.” Por lo tanto hemos de inferir que la evolución no depende exclusivamente de las mutaciones que surgen en cada generación, sino más bien de la acumulación de toda la variabilidad durante la evolución de las especies.

Como el presente artículo pretende ofrecer un acercamiento literario y no científico al tema del mutante sugiero a los interesados consultar cualquiera de las páginas citadas anteriormente o leer a Francisco J. Ayala (como me recomendaron a mí), que es una autoridad mundial en el tema.

Mutantes fundadores

El mutante como mecanismo argumental aparece tempranamente en la literatura con la publicación de The Telescopic Eye (1876) de W.H. Rodees y Un Autre Monde (1895) de J. H. Rosny, dos historias de niños con superpoderes (visión telescópica y visión extra-espectral respectivamente) pero no es sino hasta The Hampdenshire Wonder (1911) de J. D. Bereford, sin embargo, que las implicaciones sociológicas de un ser con habilidades superiores son plenamente abordadas.

La maravilla de Hampdenshire se llama Victor Stott y es un niño de cabeza enorme incapaz de hablar pero poseedor de una inteligencia prodigiosa y la habilidad de controlar a los demás con la mirada. En el mismo pueblo de Hampdenshire vive un sujeto con hidrocefalia de limitado intelecto pero inmune a los poderes coercitivos de Victor, quien a la larga será el causante de la muerte accidental por inmersión del mutante.

Una de las características que hace única a The Hampdenshire Wonder es que evita el sensacionalismo y la paranoia de textos posteriores tales como Jean Arlog, le Premier Surhomme (1921) de Georges Lebas, Gladiador (1930) de Philip Wylie –antecedente directo de Superman–, Juan Raro (1935) de Olaf Stapledon y Slan (1940) de A.E. Van Vogt.

Juan Raro es la historia de un mutante de extraordinarios poderes mentales que atormentado por la soledad usa sus habilidades para ganar grandes sumas de dinero y así dedicarse a la búsqueda de otros como él alrededor del mundo, estableciendo luego una colonia secreta en una isla de los Mares del Sur (los molestos lugareños son “coersionados” por los mutantes a cometer suicidio en masa). Una vez instalados en la isla, los jóvenes mutantes organizan un Jardín del Edén tecnocrático eligiendo vivir rústicamente a pesar de poseer incluso energía atómica al ser capaces de abolir con sus poderes algunas fuerzas nucleares. Luego de esto los mutantes hicieron planes reproductivos, revisaron su posición relativa en el universo, alcanzaron una cuasi-Unidad trascendental llamada conciencia astronómica, abrazaron las mentalidades alienígenas que habitaban otros sistemas estelares y descubrieron que estaban condenados a muerte. Pese a los esfuerzos de camuflaje psíquico la isla es descubierta por un buque inglés, comienzan entonces las negociaciones entre homo sapiens y homo superior, mientras algunos países ven a la pequeña isla como una amenaza otras ambicionan sus logros. Finalmente las potencias mundiales deciden enviar asesinos para eliminar a los mutantes con tácticas de guerrilla. Estos, pese a contar con un haz de protones, deciden suicidarse ya que “no iba a haber paz hasta que domináramos el mundo”, lo que les hubiera tomado mucho tiempo, dejándolos “con el espíritu distorsionado”. Los mutantes reunidos enfocan sus poderes en su estación de energía atómica y hacen estallar la isla en una gigantesca bola de fuego. (Juan Raro es ampliamente citada en La Intervención de Julian May, volumen puente entre la Saga del Exilio en el Plioceno y la Trilogía del Medio Galáctico que narra la ascensión de los poderes metapsíquicos en la Tierra, bajo la atenta vigilancia extraterrestre).

Slan cuenta la historia de Jommy Cross, un huérfano de nueve años que al igual que sus asesinados padres es un “slan”, miembro de una raza mutante telepática y super-inteligente creada por el científico Samuel Lann. Al igual que los otros slans, Jommy sufre el odio de los humanos “normales”, alimentado por la propaganda gubernamental, y además descubre la existencia de toda una raza de mutantes no-telepáticos desprovistos de las características físicas que denotan a un verdadero “slan” (apéndices craneales parecidos a tentáculos). Estos pseudo-slans conforman una población de millones que desconfía tanto de los humanos como de los slans verdaderos, y que ha construido una vasta organización secreta con el propósito de dominar al mundo. Los verdaderos slans mientras tanto permanecen tan bien ocultos que ni el poderoso Jommy puede encontrar evidencia alguna de ellos, a excepción de una muchacha algo mayor que él que es mantenida “bajo observación”, por el dictador humano Kier Gray. Esta primera novela de A. E. van Vogt, publicada inicialmente por entregas en una revista, se convirtió en un clásico instantáneo a tal punto que los aficionados de la ciencia ficción pronto acuñaron la frase “los fans son slans”.

Las mutaciones causadas por la radiación cobrarían aún mayor interés luego de las primeras explosiones atómicas en 1945 multiplicándose en la literatura de ciencia ficción los relatos de mutantes y apocalipsis atómicos que a su vez servirían de principal inspiración para los mutantes más famosos y mediáticos de todos; los X-Men.

Los chicos de Xavier

Uncanny X-Men puede haber sido un concepto original para los cómics pero es evidente que Lee y Kirby no hicieron otra cosa sino vestir de superhéroes a los mutantes de las novelas de ciencia ficción que trataban el tema, principalmente la serie Baldy (1945-1953) de Henry Kuttner y Children of the Atom (1948-1950) de Wilmar Shiraz. De Kuttner la legendaria dupla creativa de Marvel adoptó la visión paranoica de un futuro en que una facción de telépatas calvos (como el líder de los X-Men, Charles Xavier) luchan por prevenir que otro grupo de mutantes le declare abiertamente la guerra a los humanos, mientras que de Shiraz tomaron la idea de un grupo de mutantes superinteligentes que fundan su propia academia privada para así cobijar y entrenar a otros como ellos. Kirby sería reemplazado en el número 18 por Werner Roth y Lee en el número 20 por Roy Thomas. A Roth le seguirían Don Heck, Jim Steranko (dos números), Barry Windsor Smith (un número), Neal Adams, y Sal Buscema que dibujaría el último número regular de la primera etapa de Uncanny X-Men. Thomas sería relevado en los guiones por Gary Friedich que a su vez sería sucedido por Arnol Drake (creador de la Doom Patrol que guarda varias similitudes con los X-Men) hasta el regreso de Thomas.

Al parecer la propuesta de Uncanny X-Men era demasiado innovadora para los lectores de principios de los 1960’s (acostumbrándose recién a las notables innovaciones conceptuales que Marvel proporcionó al género de superhéroes) ya que el título sería cancelado en el número 65 de 1970.

Tras un lapsus de cinco años los mutantes marvelianos realizan un espectacular regreso con el clásico Giant Size X-Men #1 a cargo de Len Wein y Dave Cockrum. Este especial marca el término de la Edad de Plata del Universo Marvel e introduce a nuevos mutantes como Wolverine, Tormenta, Coloso, Banshee, Nightcrawler, Sunfire y Thunderbird. Tras su notable renovación del equipo mutante, Wein abandona los títulos-X dejando a cargo de los guiones a su asistente Chris Claremont que a partir del número 96 y hasta el 279 se encargaría durante diecisiete años de narrar las aventuras de los X-Men siendo asistido en el apartado gráfico, entre otros, por Dave Cockrum, John Byrne, John Romita Jr., Marc Silvestri y Jim Lee. A Claremont lo sucedió una larga lista de autores dentro de los cuales cabe destacar a Whilce Portacio, Scott Lodbell, Jim Lee, Fabian Nicieza, Steve Seagle y Chris Bachalo y Alan Davis que entregó el título el 2000 nuevamente a Chris Claremont quien tras una decepcionante temporada abandona el cómic para regresar una vez más en Uncanny X-Men #444 (julio 2004). Sería largo enumerar todos los spin-offs de Uncanny… y al sinnúmero de artistas y escritores que han trabajado en ellos pero cabe destacar a la etapa a cargo de Grant Morrison y Frank Quitely (cuando no estaba siendo reemplazado por Igor Kordey o Phil Jimenez) en New X-Men (julio 2001-mayo 2004).

Juan Raro, Slan y Uncanny X-Men expusieron muy bien la condición ambivalente del mutante, empleado por una parte para retratar los más profundos temores xenófobos y prejuicios sociales, y por otro para servir como promesa de un “Homo superior”. Una constante de este tipo de relatos es que no importa si el mutante es un héroe o un villano, siempre estará bajo sospecha y siempre será un marginado de una sociedad que le teme. ¿Siempre? Dentro de las innovaciones a las que Morrison sometió a los mutantes marvelianos se encuentra la asimilación de estos a la sociedad. Ya no hay sólo gente que les teme y desprecia, también hay quienes les idealizan, como demuestra que las t-shirts de Magneto sean las más vendidas entre la juventud norteamericana. “Música mutante, estilos mutantes, ideas mutantes se están volviendo cada vez más y más populares”, relata una lectora de noticias en New X-Men #118. Los mutantes de Morrison son una sub-cultura de moda, y no son pocos los que desean ser como ellos, particularmente los U-Men dirigidos secretamente por el millonario farmacéutico; portavoz del movimiento “transpecies” y autor del best-seller La tercera especie: John Sublime. “Por qué le evolución debe ser para unos pocos, le elite genética en sus ajustados trajes y bikinis? ¿No podemos todos pertenecer a esa elite? Seguro, los mutantes tienen poderes especiales, pero la humanidad posee cirugía radical y nuevos procedimientos de modificaciones genéticas”, explica Sublime a los X-Men en su oficina. El objetivo del movimiento de Sublime no es sólo dotar a humanos normales de poderes mutantes sino emular el comportamiento, la arrogancia y seguridad que según él poseen los “homo superiores”. Para lograr sus objetivos, Sublime y sus U-Men recurren al tráfico de órganos y genes mutantes para dotar a sus clínicas clandestinas de transplantes.

Existe por lo menos una obra más, de la cual tengo conocimiento, en que humanos “normales” intentan convertirse en mutantes y formar parte de su cultura: la opera prima de Jack Womack, Ambiente (1987) que tal vez Morrison haya leído.

Ambientes

La novela de Womack describe un mundo en que las corporaciones dominan el planeta tras un masivo desastre económico conocido como la “Ebullición” que ha concentrado todo el dinero en las manos de una reducida elite. Los ambientes a los que alude el título son un grupo marginal de seres con horribles mutaciones producto de un accidente radioactivo que se destacan no solo por sus deformidades sino por su religión y su particular dialecto, una mezcla de inglés victoriano, spanglish y rasta jamaicano que abunda en adjetivos y metáforas. Los padres de los ambientes no tenían otra opción más que tenerlos ya que el aborto estaba penalizado con la pena de muerte y el Gobierno no les quitaba los ojos de encima. Poco después los progenitores de los ambientes desarrollaron cáncer y abandonaron la ciudad junto a sus hijos. “Y así, mientras sus padres morían, uno a uno, las jóvenes maravillas intimaron rápidamente; tras asistir a las escuelas que sus padres idearon para ellos, todos se conocían, y eran fabulosamente brillantes. Cuando murió el ultimo de los padres, el grupo de la progenie estaba ya formado; ellos mismos se dieron su propio nombre”.

Además de los ambientes “reales” están los “emulados”, gente normal que ha elegido deformarse y hacer propia la subcultura ambiente. Esto fue lo que vio O’Malley, el protagonista de la novela, en el lugar de congregación secreto de los ambientes: “Vi a una muchacha con dos cuerpos unidos a una sola cabeza; un hombre con tres cabezas, ninguna completa del todo, como si el escultor hubiera olvidado dónde poner qué; una mujer, una autentica sirena, con sus miembros inferiores unidos, terminados en una ancha aleta; una mujer con tres piernas, balanceándose como si estuviera en un trípode; trillizos siameses; un tipo cuyos brazos terminaban en dos manos en ambas muñecas. Había ambientes voluntarios in ojos, narices, mandíbulas, brazos, piernas, manos o pies; había transis; había dos pequeños; gente a quien nunca había visto antes y a quienes deseé no haber visto nunca. No parecían más que puñados de uvas ambulantes y concientes”. Posteriormente es revelado que las malformaciones de los ambientes no son producto directo de la radiación sino de las píldoras antirradiación, cuyos efectos ya habían sido descubiertos por las autoridades, que decidieron repartirlas de todas maneras para estudiar dichos efectos colaterales, que podrían ser útiles en acciones militares.

Como bien queda demostrado en el número 4 del cómic Generation X (otro de los tantos spin-offs de los X-Men), ser deforme no es sinónimo de ser mutante y para ser justos Womack no emplea dicho término ni una sola vez en su libro. Los ambientes no son mutantes en el sentido que la mayoría de la ciencia ficción lo entiende, son sólo seres contrahechos, con una inteligencia sobresaliente eso sí, pero sin ninguna habilidad especial. Por lo general lo que define a un mutante son justamente estas “habilidades especiales”, que suelen estar relacionadas con los supuestos “poderes de la mente” y no sus atributos físicos. Esta diferenciación entre “fenómeno” y “mutante” es mejor ejemplificada en el siguiente diálogo que Henry Kuttner pone en boca del “Calvo” Al Burkhalter en su novela Mutante:

“–Los míos vivieron cerca de Chicago después de la Explosión. Fue por eso.

–Oh –mirada fija–. Sé que fue debido a eso que hubo tantos… –pausa y alarma.

–…fenómenos o mutaciones. Hubo ambas cosas. Yo aún no sé a que categoría pertenezco –agregaba alarmándolos.

–¡Usted no es un fenómeno! –protestaban la mayoría de las veces.

–Bueno, de las zonas cercanas a los blancos de las bombas, afectadas por la radiactividad, salieron algunos especimenes sumamente extraños. Ocurrieron cosas raras en el plasma germinal. Se extinguieron en su mayoría; no podían reproducirse; pero todavía, en centros médicos, es posible hallar unas pocas criaturas… dos cabezas y todo eso, como usted sabe.

No obstante, los otros nunca dejaban de sentirse molestos.

–¿Quiere decir que usted puede leer mi mente… ahora?

–Podría, pero no lo hago. Es una tarea ardua, salvo cuando se hace con otro telépata. Y nosotros, los Calvos… bueno, no lo hacemos, eso es todo.”

Poderes mutantes

En el Universo Marvel es el Factor-X el que proporciona a los mutantes sus extraordinarios poderes. Estos poderes se traducen en una suerte de control o manipulación de la realidad o del propio cuerpo en distintos niveles que se traducen en habilidades físicas (como la superfuerza, metamorfosis, invulnerabilidad, etc.) y habilidades psiónicas. Estas últimas son las que predominan en los mutantes literarios por lo cual las analizaremos más a fondo.

Los Espers, psiónicos o poderes psíquicos u extrasensoriales pertenecen a lo que se denomina pseudociencia. El termino psiónico deriva de psi que es una letra griega usada como símbolo para identificar cantidades desconocidas en formulas matemáticas. Hace medio siglo atrás, Robert H. Thouless, uno de los primeros investigadores de los llamados fenómenos paranormales, usó psi por primera vez para designar los fenómenos paranormales que intentaba cuantificar. En el ejemplar de Febrero de 1956 de Astounding Science Fiction/Science Fact, John W. Campbell Jr. Acuñó el término “psionic” que es una contración del término “psychic electronic” (mientras que esper lo es de “Extra Sensory Perception”).

Dentro de los poderes psiónicos más populares están la telepatía, la telekinesis, la levitación, la precognición, la clarividencia, la teleportación, la pirokinesis, la telempatía y el control mental o coherción. Cabe mencionar también la psicometría (habilidad para obtener información de determinado objeto con sólo tocarlo), la bilocación (habilidad para estar en dos o más sitios al mismo tiempo) y la aportación (teleportación en que el individuo atrae los objetos hacia sí).

Si bien los poderes psiónicos son moneda común en la ciencia ficción, el género es bastante parco a la hora de explicar el funcionamiento de estas habilidades, ligándola generalmente a la manipulación psíquica de campos electromagnéticos, lo que por supuesto sirve para explicar prácticamente cualquier cosa. Aún si aceptamos esta explicación queda la pregunta de como obtienen los mutantes la energía para realizar sus hazañas. La explicación más razonable para mi gusto es la que proporciona Robert A. Heinlein en su novela 7, donde los poderes mentales se explican mediante la capacidad de ciertos sujetos para desplegar energía de un universo paralelo, teoría que Marvel ha hecho suya para explicar de donde obtiene Bruce Banner la masa extra para convertirse en Hulk, por ejemplo.

Los mutantes de Dick

Campbell consideraba a los mutantes el “próximo paso evolutivo” de la humanidad y detestaba los relatos o novelas donde fuesen presentados como amenazas para el género humano. No todos los escritores de ciencia ficción congeniaban con la idea de Campbell por supuesto, Philip K. Dick era de estos últimos. Veamos lo que tiene que decir al respecto: “A principios de los años cincuenta, una gran parte de la ciencia ficción norteamericana versaba sobre humanos mutantes y sus gloriosos superpoderes y superfacultades, los cuales conducirían a la humanidad hacia un estadio superior de la existencia, una especie de Tierra Prometida. John Campbell Jr., director de Analog, exigía que los relatos que compraba trataran de tales mutantes maravillosos, y también insistía en que los mutantes siempre debían ser presentados como 1) buenos y 2) al mando de la situación. Cuando escribí el hombre dorado intenté demostrar: 1) el mutante puede no ser bueno, al menos para el resto de la humanidad, los mortales ordinarios, y 2) que puede no estar al mando de la situación, sin que se esconde de nosotros como un bandido, un mutante malvado, más perjudicial que beneficioso para los humanos. Este era el punto de vista sobre los mutantes psíquicos que Campbell detestaba en particular, y el tema de ficción que se negaba a publicar…, de modo que mi relato apareció en If”.

El Hombre Dorado (1953) propone un mundo en el que los mutantes son exterminados por un organismo internacional conocido como la ACD, la cual a podido dar buena cuenta de ochenta y siete tipos de desviaciones, “auténticos mutantes capaces de reproducirse, no meros fenómenos de feria”, hasta que encuentran al numero ochenta y ocho, al homo superior por definición, un ser sexualmente irrestible para las mujeres humanas con la capacidad de “ver” los distintos futuros resultantes de determinada acción. Un mutante con dos ventajas evolutivas insuperables (una muy reciente y la otra tan antigua como la vida misma), que sin embargo carece de lenguaje y lo que es más, no piensa. De hecho carece de lóbulo frontal ya que no lo necesita. “…la inteligencia ha fracasado”, declara uno de los personajes humanos. “Somos los últimos de nuestra especie, como el dinosaurio. Hemos forzado la inteligencia al máximo. Demasiado, tal vez. Hemos llegado a un punto que de tanto saber, de tanto pensar, ya no podemos actuar”. El hombre del pensamiento en este cuento de Dick es reemplazado por el hombre de acción, que carece de herramientas y que no construye ni utiliza nada fuera de su cuerpo, definición que por lo demás se ajusta muy bien a los superhéroes en general.

En Desajuste (1954), Dick propone un mundo en que los mutantes, o más bien dicho “paraquinéticos” son detectados mediante una red de control aleatoria ejecutada por agentes femeninos inmunes al “mal”. En efecto, los poderes psiónicos en esta narración son descritos como una enfermedad mental siendo los paraquíneticos “lunáticos con la capacidad de reproducir sus sistemas delirantes en el espaciotiempo”, para lo cual deforman una zona limitada de su entorno para conformarla a sus conceptos excéntricos. Como uno de los personajes explica al protagonista: “El P-Q lleva a la práctica sus delirios. Por lo tanto, en cierto sentido no son delirios…, a menos que puedas distanciarte y comparar su zona deformada con el mundo real. ¿Como puede hacer eso un P-Q? Carece de patrón objetivo. No puede distanciarse de sí mismo y la deformación le sigue a donde va. Los P-Qs auténticamente peligrosos son los que piensan que todo el mundo puede animar piedras, convertirse en animales o transmutar minerales básicos. Si permitimos que un P-Q escape, si le permitimos madurar, procrear, formar una familia, tener mujeres e hijos, si dejamos que esta facultad paranormal se esparza…, si se convierte en un culto, llegará a ser una práctica institucionalizada socialmente”.

En Un Mundo de Talentos (1954), Dick plantea el surgimiento del Anti-Psi, un individuo inmune a los talentos psiónicos. Como explica el protagonista Precog a la Anti-Psi opaca al sondeo telepático: “El factor Anti-Psi es una restauración natural del equilibrio. Un insecto aprende a volar; por lo tanto, otro aprende a tejer telarañas para atraparlo. ¿Es lo mismo que no volar? Las almejas desarrollan conchas duras para protegerse; por lo tanto, las aves aprendieron a volar para elevarlas en el aire y dejarlas caer sobre una roca. En cierto sentido, eres una forma de vida depredadora de los Psis, y los Psis son una forma de vida depredadora de los Norms. Eso te convierte en amiga de la clase Norm. Equilibrio, el círculo cerrado, depredador y presa. Es un sistema eterno y, francamente, no se me ocurre la manera de mejorarlo”. Existe también la posibilidad que las habilidades psionicas no sean en absoluto una ventaja evolutiva. En The Inheritors de William Golding (una de las pocas novelas de ciencia ficción escrita por un ganador del Premio Nobel), los telepáticos Neanderthales son desplazados por los no-telepáticos Homo Sapiens que, al no poder comunicarse mentalmente, se ven obligados a desarrollar el lenguaje y la tecnología.

Otro cuento de Dick sobre el tema digno de ser mencionado es ¡Cura a mi hija mutante! (1954). Ambientado en un futuro post-nuclear en que las personas normales habitan en comunas amuralladas lejos de las ruinosas ciudades, esta es la historia de un reducido grupo de mutantes y su disyuntiva moral en relación con la supervivencia de los humanos. Jack, un mutante con la habilidad de viajar en el tiempo, intenta una y otra vez convencer al jefe de estado mayor de las fuerzas de los Estados Unidos a no desatar la guerra, mientras que los demás miembros de la Cofradía se dedican a curar y predecir el futuro de los humanos que acuden a la ciudad cada vez en mayores cantidades. El lema de los mutantes era mantenerse al margen y esperar y fue por ello que no intervinieron durante la guerra, y por lo que siguen esperando mientras discuten entre la posibilidad de someter a los humanos a un gobierno totalitario psiónico, o seguir esperando a que los normales soliciten por iniciativa propia el liderazgo del homo superior.

El electrón de los Dioses

Cabe recordar en lo que a la idea del “homo superior” respecta al principal ideólogo proto-nazi Joerg Lanz Von Liebenfels y su libro Theozoologie oder der Elektron der Goetter en el que establecía que los dioses Germánicos habían en realidad pertenecido a una antigua raza Ariana que poseía órganos eléctricos especiales que los dotaba de cierta forma de radio-telepatía, que habrían perdido al cruzarse con especies sub-humanas (en el venidero Reich, la restauración de estos órganos eléctricos sería un deber del estado).

Luego que Hitler ascendió al poder todas las sectas pre-nazis, incluyendo la de Liebenfels (de la cual el Fürer había adoptado su fascinación con la eugenesia e incluso la swastika), fueron prohibidas. Pese a esto las ideas de Liebenfels continuaron siendo de gran influencia, particularmente para los SS. El mismo Himmler estaba altamente interesado en el mesmerismo y la telepatía, existiendo rumores que apuntaban al hallazgo de cadáveres de lamas tibetanos en sus cuarteles una vez concluida la guerra (los nazis creían que la civilización tibetana, basada en principios Arianos, había logrado preservar los órganos eléctricos).

Como señala David Sivier en su artículo Mutants Season, un mutante como Magneto durante el Tercer Reich no habría sido considerado un enemigo de la raza sino todo lo contrario, esto si Erik Magnus Lehnsherr no hubiese pertenecido a una de las etnias perseguidas, como era el caso.

Los paralelos con el nazismo en los X-Men no se agotan en el personaje de Magneto siendo uno de los más potentes el propuesto por Chris Claremont en Días del Futuro Pasado (X-Men #141, 1980) que describe una Norteamérica del año 2013 en el que hay tres tipos de personas clasificados por letras. “H” para los humanos libres de genes mutantes y que pueden reproducirse; “A” para humanos anómalos, normales pero con potencial de tener genes mutantes a los que se les esteriliza; y “M” para los mutantes, la clase más baja. Parias perseguidos por el Acta de Control mutante de 1988 que son cazados y salvo raras excepciones, eliminados sin piedad por los robots gigantes conocidos como “Centinelas”, que además han tomado total control del país. Todo se inicia con el asesinato del senador Kelly a manos de la “Hermandad de mutantes malvados” liderada por Mystique. Kate “Kitty” Pride lo explica muy bien a sus compañeros de equipo luego de un viaje en el tiempo que la llevará a habitar su cuerpo adolescente: “La hermandad lo mató (a Kelly) para enseñar a la humanidad a temer y respetar el poder del homo superior. Su plan fracasó y los mutantes fueron objeto de miedo y odio. Pensamos que la histeria paranoica pasaría, pero no fue así. En 1984, un furioso candidato antimutante, fue electo presidente. En un año se aprobó el Acta de Control Mutante; pero la Corte Suprema la consideró anticonstitucional. La administración respondió al reactivar a los Centinelas. Los robots tuvieron un programa abierto, con parámetros para eliminar a la amenaza mutante, de una vez por todas. Los Centinelas concluyeron que la mejor forma de lograrlo, era tomar el país. En el proceso, también destruyeron a los superhéroes no mutantes… tanto a héroes como villanos. Al final del siglo el continente norteamericano estaba completamente bajo su control”.

Los X-Men logran frustar la muerte de Kelly en dicha ocasión evitando así el oscuro futuro del cual provenía Shadowcat, pero de cualquier forma el senador será asesinado, irónicamente por un humano “normal” que le consideraba un traidor a su raza (X-Men #108, 2001).

Perro de estroncio

El subtexto de odio racial es aún más explicito en el cómic británico de mediados de los 1990’s Strontium Dog, de la revista 2000 AD. Strontium Dog transcurre tras una guerra nuclear que ha contaminado el material genético de gran parte de la población de Inglaterra, provocando la implementación de severas leyes eugenésicas y una política de genocidio para evitar el nacimiento de mutantes. El protagonista de este cómic, Johnny Alpha, posee visión de rayos-X y la habilidad de leer mentes e incluso interrogar a los muertos gracias a las ondas alfas emitidas por sus ojos. Johnny es uno de los pocos mutantes de Strontium Dog sin deformidades físicas considerables, como las de El Torso de Newcastle, por ejemplo (que no posee cabeza) y Nearly Normal Norman (cuyo rostro está dado vuelta hacia arriba). El Padre de Johnny, Nelson Bunker Kreelman, irónicamente era Líder Cívico del Sector Sudeste de Nueva Bretaña y pionero de la nueva legislación anti-mutante. Temeroso que su hijo mutante arruinara su carrera política Kreelman lo confinó durante toda su niñez al interior de su casa, convenciéndolo que padecía de una enfermedad ocular que podría causarle la muerte si sus ojos alguna vez eran expuestos a la luz. No sería sino hasta su primer día de clases, luego que unos compañeros decidieran molestarlo quitándole sus anteojos especiales, que Johnny descubriría la verdad sobre sus ojos. Johnny estaba feliz ante el descubrimiento de sus poderes especiales corrió a contarle a su padre. Este, temeroso por su carrera, decidió recluir nuevamente a su hijo en casa. Fue entonces cuando Johnny realmente aprendió a odiar a su padre. Kreelman había luchado dura y tenazmente para aprobar leyes que impidieran a los mutantes tener posesiones, trabajar e incluso vivir entre los “normales”. Todo esto mientras tenía a un mutante viviendo bajo su propio techo.

Johnny decidió escapar, había escuchado historias sobre un Ejercito Mutante y pensó que si se unía a ellos tal vez podría enmendar algunas de las terribles cosas que su padre había hecho. Como no podía decirles quien era realmente se bautizó como Johnny Alpha, y con solo 12 años se unió a sus filas. Kreelman dio a su hijo por muerto, mientras este se convertía en un líder entre el Ejercito Mutante. Kreelman implementó Campos de Labores Mutantes donde estos eran obligados a trabajar como esclavos en horrendas condiciones de vida. Los Ejércitos Mutantes de los distintos sectores de New Britain celebraron una reunión conjunta para discutir tácticas de guerra y decidieron atacar la fortaleza flotante de Upminister en un intento de tomar control del gobierno. Pese a la gran cantidad de bajas, los mutantes ganarían pero Kreelman les forzaría a rendirse bajo amenaza de matar 100 mutantes por hora. Johnny y los suyos acceden a la rendición y son condenados a muerte. La propia hermana de Johnny, a quien no había visto en años, se convirtió en una pieza clave en la derrota de Kreelman, ayudándole a escapar a él y los otros generales y revelando luego la verdad acerca del hijo mutante de Kreelman al Primer Ministro y al Rey. Esto proporcionó a los mutantes argumentos suficientes como para desacreditar a Kreelman y forzarlo a renunciar. El Ejercito Mutante hizo el resto, luchando duro para causar la máxima disrupción en el Programa de Exterminio Mutante. El Primer Ministro estuvo dispuesto a negociar y la infame ley fue depuesta. La policía secreta de Kreelman, los Kreelers fueron disueltos y nuevas áreas donde los mutantes pudieran vivir en paz fueron creadas. Los mutantes estaban muy lejos de llegar a un trato igualitario pero la era Kreelman había acabado. Johnny fue exiliado fuera del planeta, lo que no le molestó ya que había tenido más que suficiente de la Tierra y la gente que vivía allí. Justo en ese momento la Comisión Galáctica contra el Crimen estableció una agencia para caza-recompensas interplanetarios, un trabajo sucio y peligroso, ideal para mutantes. Johnny se enlistó de inmediato convirtiéndose en un Strontium Dog.

Mutatis mutandis

Podríamos continuar llenando páginas y páginas analizando las una y mil formas en que el concepto del mutante ha tomado cuerpo en la cf. Cómo olvidar al Mulo de Isaac Asimov, por ejemplo, que con su sola presencia pone en jaque a la psicohistoria y la primera Fundación; o a los mutantes de Galaxias como granos de arena de Brian Aldiss ¿Recuerdan la serie de dibujos animados Thundercats, por ejemplo? Pues estos gatos humanoides contaban dentro de sus enemigos a unos mutantes. ¿Por qué les llamaban mutantes si aparentemente eran criaturas que evolucionaron, como los mismos Thundercats, de especies distintas a los primates?, ¿Cuál era su mutación? Eso nunca lo tuve claro.

En Futurama también hay mutantes y en una sorprendente vuelta de tuerca fue revelado que Leela no era una extraterrestre como siempre se nos hizo creer sino la mutante con menos mutaciones entre los suyos. Los mutantes de Futurama viven en los túneles del desagüe y han construido toda una ciudad en base a los desperdicios arrojados por la gente de la superficie. Todos son verdes pero sus formas varían de unos a otros. Incluso los padres de Leela, pese a ser ambos cíclopes, poseen características distintas (la madre tiene tentáculos y cola de cabra mientras que la boca del padre está girada en 90º). Estos mutantes son una clara referencia a los morlocks de los X-Men que a su vez toman su nombre de los personajes del famoso libro de H.G. Wells La máquina del tiempo.

No podemos dejar de mencionar tampoco a las Tortugas Ninjas (Teenage Mutant Ninja Turtles) que invadieron el mercado a principios de los noventas y que han protagonizado numerosas películas y series de televisión tanto animadas como con actores de carne y hueso (enfundados en trajes de goma). En este caso la mutación era provocada cuando un compuesto químico llamado Ooze era derramado sobre cualquier animal, “evolucionándolo” a una forma e inteligencia humanoide. En ese sentido estos mutantes no eran distintos a los archienemigos de los Thundercats.

Hoy en día y gracias a Pokemon, está más de moda hablar de evolución que mutación. Los pokemons evolucionan en criaturas más grandes y poderosas hasta dos y tres veces (puede que más, me declaro un semi-ignorante en esta materia). De seguro que si este hubiese sido un dibujo animado de los 1980’s o 90’s habrían “mutado” en vez de evolucionar, tal y como hicieron las tortugas ninjas. Pero hay una diferencia eso sí, mientras que un agente externo provocó que las tortugas “evolucionaran”, en los pokemons esto se da naturalmente y puede que allí radique la diferencia entre mutación y evolución, por lo menos en lo que al simplista mundo del molesto Pikachu se refiere.

© 2004, Sergio Alejandro Amira.

Publicado originalmente el 26 de noviembre de 2004 en Quintadimensión

Written by Amo del Calabozo

March 11, 2010 at 2:05 am

Posted in Ciencia ficción, Literatura

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6 Responses

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  1. La recolección de material mío desperdigado por la red continúa…

    Sergio

    March 11, 2010 at 12:42 pm

  2. Aún siendo extenso, lo disfruté.
    Saludos caballero y gracias por permitir a este lector poder apreciar los vestigios de lo que fue el calabozo, dado que en su momento, desconocía de su existencia.

    ignacio

    March 12, 2010 at 2:40 am

    • Aún siendo extenso, lo disfruté.

      Bueno, también estoy en Twitter para los que no quieran esforzarse “en leer tanto”.

      Saludos caballero y gracias por permitir a este lector poder apreciar los vestigios de lo que fue el calabozo

      Pero habla del Calabozo como si no estuviese operando, actualmente hay más material nuevo que notas rescatadas del pasado por lo que el Calabozo no sólo “fue” sino que sigue “siendo”.

      Sergio

      March 12, 2010 at 2:53 am

  3. Solo era un cumplido, que al parecer, no fue recibido así. O bien, no pareció cumplido.

    Qué tal queda decir: sigo su blog y me gusta su contenido. Aprecio su esfuerzo de entregar esto.

    ignacio

    March 12, 2010 at 1:08 pm

  4. aa ya ya que estoy en la onda patera, me faltó decir.

    Y admiro su pasión por lo que hace.

    ignacio

    March 12, 2010 at 1:10 pm

  5. ah genial articulo! como olvidar tambien a la linda Rena y al futuro mundo mutante de los comics del gran Themo Lobos. en donde Chile es el lugar mas avanzado del mundo gracias al pensamiento colectivo de los mutantes telepatas.

    caeb02

    March 18, 2010 at 2:48 am


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