El Calabozo del Amo del Calabozo

Cultura pop

Daredevil for Dummies

Deberíamos estar felices con todas las adaptaciones que se están planeando de nuestros cómics favoritos, o las que ya podemos ver en pantalla; desde X-Men hasta The League of Extraordinary Gentlemen, gustos hay para todos, lamentablemente, así como en los cómics, todo depende mucho de quien sea el que las haga. Si Frank Miller transforma a Batman en el Señor de la Noche, el mismo personaje también puede sufrir una rebaja sustancial del interés en manos de Chuck Dixon, por ejemplo. Justamente, hablando de Frank Miller, el tipo que transformó a Daredevil en católico, es convenientemente asesinado en la reciente película del personaje marveliano, en un cameo que bien puede significar que todo su trabajo, que supuestamente se vería usado en el filme, ha ido a parar al culo del director.

Ya que entro tan combativo, debo decir desde la partida que la película me ha parecido mediocre, aún reconociéndola un producto de marketing, como ahora se estila en disculpar a las películas para el gran público. Porque eso de ser un filme para las masas, un ente tan inexistente como el político “pueblo”, no termina de convencerme, cuando voy al cine a ver cine y no otra cosa.

Un poco de historia

Pero comencemos con un poco de historia, que nunca viene mal, aunque a estas alturas, si se es marvelzombie esto sobra. No es desconocido que Daredevil es como el hermano pobre de los héroes Marvel, por cuanto es demasiado urbano, sombrío e identificado con el área de Manhattan muy proletaria llamada Hell’s Kitchen, que lo hace estar restringido a su propio título sin levantar más reconocimiento. Si ha esto le agregamos el que hubiera vegetado durante eras en muchas manos, sin un gran respaldo editorial, tenemos un título apenas sobreviviente. Muy diferente del caso de nuestro asombroso amigo el Hombre Araña, popular como nadie, el cómic de Daredevil ha alcanzado cotas de calidad solo en las últimas décadas, aunque nunca alcanzará el estrellato. Su primera aparición la realiza de las manos de Stan Lee, en guiones, y Bill Everett, en lápices, durante 1964, y se destaca por ser un personaje protagonista ciego –algo nuevo para la época–, en mitad de la oleada de superhéroes de la edad de plata, más terrenales y humanos. Stan Lee descubrió que los discapacitados que perdían un sentido lo suplían aumentado la sensibilidad de los restantes, lo que llevado a un extremo fantasioso podría llevar a un ser humano a una superioridad sensorial inigualable, fue así como nació Daredevil. Al poco rato, llega una leyenda de EC Comics, Wally Wood, cuyo principal aporte fue cambiar del traje amarillo al rojo; de aquí en más se sucedieron artistas como Frank Robins, Gene Colan y John Romita Jr. (quien volvería más tarde, más fogueado, junto a Nocenti), con un nivel más o menos aceptable, pero que no hicieron más que hacer pasar al cómic por un título alternativo, de esos que comprabas si te sobraba dinero. Al nivel de guión, Daredevil, en este período, lucha con los monstruos de la mediocridad y la cancelación.

Mas, en 1980, lo comienza a dibujar un joven, sin gran experiencia pero con mucha enjundia, que inicia su carrera en el título con el número 158 de la colección. Pero no será hasta el número 167 cuando el dibujante Frank Miller toma las riendas completas de la colección (antes el guión estaba en manos de Roger McKenzie), iniciando uno de los grandes periplos renovadores de un cómic, al desarticular al personaje y rearticularlo con una coherencia pocas veces comparables. No solo lo hace al nivel de personajes secundarios y principales (introduciendo a Elektra), sino que, narrativamente, su obra compone un manual de donde aprender las técnicas que luego perfeccionaría con obras como Sin City y 300. Frank Miller abandona a Daredevil en el nro. 191, convertido al cristianismo católico y en el hombre sin miedo; los guiones simples y concisos, aunados a una estética oscura pero llena de iconografía religiosa, va a gravitar en todo el resto de la vida del título.

A la sombra de esta época, y siempre olvidado, existe un interregno del 250 al 280 en la que la talentosa Ann Nocenti, junto al dibujo de John Romita Jr. (en uno de sus mejores trabajos), hizo descender a nuevos niveles del infierno a Daredevil, en donde, a falta de Elektra, bien viene una insana María Tifoidea, y en donde reaparece en gloria y majestad el Kingpin. Una época muy notable pero que siempre se la compara con la anterior, y sale perdiendo. A ella le siguieron Scott McDaniel, en guión, y D. G. Chichester, en lápices, para ofrecernos la etapa más irregular del personaje con cambio de traje incluido. Al parecer, no conformes con tratar de hacer un buen trabajo, acometieron la tarea de emular la etapa Miller y superarla, punta de partida fallido donde los haya. En consecuencia, se sucedieron las tramas rebuscadas y que perseguían la espectacularidad, mientras la gratuidad de las apariciones de personajes Marvel sólo apuntaba a vender más ejemplares. Su mayor pecado fue traer de vuelta a Electra que estaba tan contenta en el reino de los muertos.

De aquí los períodos de Kevin Smith y David Mack no han hecho más que marcar la herencia de Frank Miller, sin dejar de ser guiones aceptables. Últimamente, en 2002, Daredevil ha vuelto a retomar su calidad promedio con las tramas efectivas de Brian Michael Bendis, buen guionista que da un giro refrescante a las viejas estructuras de narración, y Alex Maleev, autor búlgaro de un estilo pictórico y abigarrado.

No obstante, la influencia de Frank Miller no se puede obviar.

La película

La película comienza en un punto medio de la historia, con un Daredevil de capa caída, sobre el tejado de una iglesia, para contar la historia en retrospectiva. El relato nos lleva por la niñez de Matt Murdock, el accidente con un químico nocivo que le cuesta la vista, pero repotencia los demás, el asesinato del padre a manos de Kingpin y sus inicios como vigilante. En la parte medular, Wilson Fisk envía a asesinar a su socio y padre de Elektra, y contrata nada menos que al sicótico Bullseye, un hombre que transforma cualquier cosa en un elemento mortal. Para infortunio de Daredevil y la relación sentimental de Murdock, el asesino logra su motivo matando a Nikolaos Natchios con el mismo bastón que usa el héroe para sus periplos nocturnos, dejando a Elektra del lado enemigo. El final, esperado, queda abierto a segundas y terceras partes, ya que la película no es más que una excusa para una serie.

Es obvio que las transliteraciones de obras de un medio a otro, jamás son fieles a sus fuentes, de modo que es obtuso intentar preguntarse el porqué de un Kingpin negro o un traje de brillante cuero rojo. Dejemos esas preguntas detrás. Mi principal queja no se relaciona con estos ítemes, sino con la estructura misma de la película, con la cantidad de elementos incongruentes que derivan de una puesta en escena dirigida por un fanático antes que director. Mark Steven Johnson se ha declarado tan entusiasta del concepto que ya piensa hacer una trilogía, un spin-off con Elektra para 2004, y una serie de televisión que contará las aventuras de Murdock y Foggy Nelson en la Universidad, mientras que ya tiene en sus garras Ghost Rider (2004). Lamentablemente, su entusiasmo le traiciona y mete demasiado para una sola vez.

Muchas debilidades de la película están, primero, en un guión que no termina de cuajar en situaciones, intentando justificar cosas mínimas (cómo Daredevil duerme sin volverse loco con el ruido), mientras se diluye en una relación amorosa entre Daredevil y Elektra que simplemente es aburrido (el objeto erótico también destiñe, usando a una actriz de rasgos angulosos –carehombre– como es Jennifer Garner). Hay escenas que simplemente son poco justificables como la sesión de lucha entre Elektra y Daredevil, en el parque de juegos, o el entrenamiento de la ninja para derrotar a nuestro héroe, con los sacos de arena. Todas son escenas basadas en la expectativa pendiente que no concluyen, dando una sensación de que falta una buena repasada de edición para tapar problemas lógicos. En fin, mi impresión fue que hubo demasiado entusiasmo en colocar todos los elementos que hicieron del cómic de Daredevil un buen título, pero se olvidaron darle una estructura firme o coherente. Entonces, estamos aquí frente a un director inexperto que antes de esta película solo había filmado Simon Birch (1998), una historia melosa de un niño con problemas de crecimiento, pero que con Daredevil trata de darle un enfoque extremo de humanidad.

En el apartado personajes, Bullseye, interpretado por un sobreactuado Colin Farrell, es un loco rabioso con fama de asesino a sueldo (cuyo único objetivo es matar por gusto), personaje que no es utilizado en su potencialidad, dejándolo en una amenaza que rápidamente es despachada por Daredevil, en una anticlimática lucha. Elektra no sufre una mejor suerte, es más, la trama hubiera ganado en puntos si no hubiera participado en este episodio; no solo no se consolidan las expectativas amorosas a su respecto, sino que además no está bien representada con la Garner, en las escenas de pelea y caracterización, notándose un poco desfasada. De los demás personajes, se puede decir que están bien como comparsas: Ben Urich es el maqueteado periodista inquisitivo, “Foggy” Nelson es el gordo payaso que acompaña al héroe cual Sancho y Kingpin es un malo de sonrisa torcida hiphopero, dentro de las posibilidades de la trama.

Pero no todo es tan apocalíptico, soy un tipo condescendiente y puedo reconocer algunos logros: por ejemplo las palabras “The End” están bien escritas, al final de la obra. Debo reconocer, también, que la actuación de Ben Affleck, en el papel del héroe, resulta convincente como ciego y luce como Daredevil en su traje y no como alguien vestido para ir a una convención de ciencia ficción; en tanto que, Michael Clarke Duncan, que hace de Kingpin y lo recordamos de La Milla Verde, es un negro gigantesco que puede llegar a dotar al personaje de la amenaza que le vemos en el cómic. De igual forma, resultó para mí un gran descubrimiento estético la forma de presentar la hipersensibilidad de Murdock, con esas oleadas de un fuego frío que tocaban las cosas para generar una “imagen”, metáfora del sonido recorriendo el espacio; no obstante, este efecto se arruina cuando Matt tiene que “ver” algo en detalle y se saca sus lentes oscuros, como si pudiese oír por ellos. Además, la cinta cuenta con una omnipresente y molesta banda sonora, compuesta, como es dado en estas producciones, por bandas de rock pop de cierta calidad, lo que a más de alguno pueda incentivar en comprar el disco.

La película para los ñoños

Muchas películas del género se hastían hasta la médula en poner referencias y cameos para caer bien a los aficionados. Es una actitud que a estas alturas es el colmo del canibalizarse, del posmodernismo a ultranza, que termina solo dañando la imagen del producto (léase Star Trek). Daredevil no se sustrae de esta moda y, en realidad, es más entretenido andar buscando dichos huevos de pascua que entender qué pasa en algunos tramos. Por ejemplo, podemos ubicar, en la marquesina del recinto donde lucha el padre de Murdock, que uno de los luchadores es nada menos que John Romita, en clara referencia al artista de Marvel, mientras que uno de los tipos que presionan a Murdock padre dice sin tapujos que ya otros peleadores se han vendido a él: Miller, Mack y Bendis. Frank Miller, David Mack y Brian Michael Bendis, ubíquenlos más arriba. Menos claro es el nombre de uno de los tipos malos que muere, cuando el tren le pasa encima: José Quesada, o Joe, para los amigos, editor en jefe de La Casa de las Ideas, alias Marvel.

En el apartado de cameos, un viejito distraído está a punto de ser arrollado hasta que un infantil Murdock lo detiene con su bastón, el viejito se muestra sobreactuadamente asombrado: díganle hola a Stan “The Man” Lee. Si quieren ver a Frank Miller, solo fíjense en el guardia muerto en la oficina de Kingpin, con Bullseye reclinado en el sillón del mafioso. En tanto que, el gordito y entusiasta forense que le enseña cómo funciona el bastón de Daredevil al periodista Ben Urich es Kevin Smith.

Debo reconocer que estos huevos de pascua son entretenidos pero, vamos, gasten más energía en guión.

El problema del dolor

Punto aparte, y en general aplicable a casi todas las últimas películas de superhéroes gringos, ha sido el tratamiento de la humanidad de los personajes, en un esfuerzo de llevar el producto a un público más masivo y “adulto”. Recurso bien admitido al lograr una identificación con los espectadores y hacer que sientan los golpes emocionales y físicos del personaje. En Daredevil, en particular, conocemos al abogado Matt Murdock con una doble vida bastante intensa: de día su trabajo en Derecho ayuda al necesitado, viniendo el mismo de la clase social de dichas personas, en tanto que en la noche completa los procesos inconclusos del día, y repasa algún que otro ladronzuelo. Esta insistencia en lo social le da el carácter complementario (ya sabemos que es ciego y todo ciego, siguiendo el cliché, lucha contra la adversidad) para darle la complejidad justa. Esta lucha en frentes distintos pero enlazados van dejando huella en la psiquis y el cuerpo del héroe. Así, en la corte, Murdock esgrime todos los recursos legales, pero claramente insuficientes, en defensa de los que no tienen representación, en un sistema caricaturescamente corrupto, mientras que luego asistimos a las demoledoras peleas de película karateca que le dejan moretones, contusiones y cortes, hasta la escena clave, en donde, mientras toma una ducha, llega a extraerse una muela sangrante. En el ámbito psíquico, las emociones le pesan más que a los tipos normales, ya que su vida es un drama digno de una Teletón, con un accidente producto del choque emocional de ver a su padre haciendo cosas deshonestas, el posterior asesinato del padre, la etapa de huérfano y su decisión de enfrentar la vida defendiéndola, pero lo más interesante es el dilema moral que representa su profesión de héroe no confesada cuando tiene que repetirse a sí mismo que no es el tipo malo.

Bueno, me parece demasiada humanidad. Más concretamente, rasgos demasiado maniqueos y sin madurar. Nuevamente nos enfrentamos a un guión escrito sin mucho talento, en donde se ha dado demasiado énfasis a una relación sentimental que no va a ninguna parte, por ejemplo, y ha obviado el elemento fundamental de la esencia del personaje, tal cual es su creencia religiosa. Las situaciones que marcan la personalidad de Daredevil están desarrolladas en forma muy superficial, casi solo enunciadas, como cuando persiguiendo a un tipo malo se encuentra a un niño que llora y suplica que no lo peguen, en tanto que le dice que él es el chico bueno; recién allí es cuando nos damos cuenta del dilema que enunciamos más arriba, y que solo vuelve a aparecer un par de aisladas veces más en la película, uno de ellos clave. Ejemplos como este abundan en esta historia, escenas mal paridas que no terminan de encajar, sin sutileza y artificiales, que al final no ayudan a dar una unidad al personaje (y a la película.)

Esta última parte me da también pábulo para agregar una última reflexión. Como ya había expuesto, la humanidad de los héroes se ha vuelto una obviedad en las películas superheroicas, tanto que resulta molesto ver a pobres criaturas investidas con poderes que podrían cambiar el curso de la historia humana, desperdiciándolos en continuas vacilaciones y complejos de inferioridad. Me parece que ya no resulta viable que un personaje se pregunte sobre la validez de su persona para realizar el trabajo de héroe, es puro tópico. Ya me aburre ver al personaje tratando de acomodarse en sus mallas y poderes con el viejo principio de la prueba y el error –cosa que se agradece que no ocurra en Daredevil. Ya es hora de un cambio de esquemas en las películas de género. Abogo por una vuelta a los principios superheroicos y a construir una trama con una buena dosis de épica y suspenso posmodernista a la manera de Warren Ellis y su Authority. Si bien el preguntarse por el ser humano que subyace en cada héroe fue la evolución natural del género (etapa iniciada con Frank Miller en Daredevil), y ahora que parece que se ha respondido satisfactoriamente, se debiera seguir con el próximo paso, el preguntarse cuáles son los mecanismos del superheroísmo, en cómo afecta a la esfera antrópica la irrupción de un organismo suprahumano, pero no alienígeno. Ahora que Hulk, X-Men 2 y otros proyectos están a la vuelta de la esquina –lo más probable es que cuando lean esto ya será noticia vieja–, bien vendría cambiar el lente de la cámara.

Y sobre Daredevil, hagan como que no la vieron.

Ficha técnica:
Daredevil. 2003, EE.UU. Dirigida y guionizada por Mark Steven Johnson. Ben Affleck (Daredevil/Matt Murdock), Jennifer Garner (Elektra Natchios), Colin Farrell (Bullseye), Michael Clarke Duncan (Wilson Fisk/The Kingpin), Jon Favreau (Franklin “Foggy” Nelson). 103 minutos.

© 2003, Luis Saavedra.

Publicado originalmente en Calabozo del Androide #0, mayo 2003.

Written by Amo del Calabozo

October 2, 2009 at 7:55 am

Posted in Del nueve al siete, Marvel, Películas

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