El Calabozo del Amo del Calabozo

Cultura pop

1986-1991: Un lustro brillante

Quizás algunos se acerquen a esta columna por haber superado las tres décadas de vida, otros por una incipiente vocación de anticuario coleccionista. No importa el motivo, lo importante es tener en claro que cualquier cómic es una cápsula de tiempo inalterable, porque en ese montón de hojas que paso por tus manos hace unas horas o unos años, se encuentran condensadas la frustración o el entusiasmo de sus responsables y las inexplicables cuestiones editoriales que rodearon su lanzamiento. Mas allá de lo endeble de su contenido, de la tridimensionalidad de sus personajes, o de las virtudes y defectos en su estructura narrativa, las circunstancias que le dieron vida permanecen inalterables en algún punto del tiempo y el espacio.

Esto, obviamente, es aplicable a todos los medios de expresión artística, pero el cómic –en particular el de los superhéroes, que juguetea con un mundo paralelo demasiado similar al nuestro– esta empapado de una inmediatez de la cual algunos se hacen cargo y otros no. Pero volviendo a lo importante, la duración de este viaje temporal supera la extensión de las paginas; porque de ahora en adelante (y hasta donde Mr. Bush o el que le siga nos los permita) vamos a repasar un periodo fundamental para el genero fantástico, del cual fue protagonista estelar la editorial fundada por Stan Lee y fundida por unos cuantos que le precedieron.

Desde 1986 a 1991, entre otras varias cosas, estalló el Challenger y en Europa se vino abajo una pared mas siniestra y real que la imaginada por Pink Floyd. También fue un periodo donde en nuestra América Latina resucitaron lentamente muchas vapuleadas democracias, y gracias a la magia de la globalización, todo eso sucedía ante nuestros ojos, casi instantáneamente.

Fue un tiempo de movimiento continuo, donde surgían, morían y se establecían nuevas tendencias en lo político, lo social y sobre todo en lo artístico, que no parecía estar tan condicionado por lo comercial ni lo tecnológico como hoy en día.

Donde el Gran Hermano todavía era un chiste privado para los privilegiados que habían leído u oído hablar de Orwell. Donde las secuelas cinematográficas eran algo muy poco común y los efectos especiales eran un componente importante de una película fantástica… no la única razón para ir a verla. Donde los Rolling Stones se negaban a retirarse, mientras los Estados Unidos metía sus narices en todos lados sin pedirle permiso a nadie, o con el apoyo de algunas aves rapaces… adivinaron, igual que ahora; pero en aquellos años locos, el Este y el Oeste estrecharon sus manos por primera vez, con la promesa de no repetir jamás sus despóticos errores.

Una época donde los libros se compraban en las librerías, y el casete era algo sofisticado, porque los discos todavía eran de pasta… y los comics –con algo de suerte– se conseguían en los kioscos, mientras empezaban a aparecer minúsculos locales bajo el lema de comiquerías o librerías especializadas.

Un lustro donde todos fuimos teniendo acceso a una computadora, y el 2001 se acercaba lentamente para materializar ese valeroso mundo nuevo… aunque algunos escépticos ya empezaban a desconfiar del futuro y del presente.

Una época donde el fantasma visionario de Phillip K. Dick aguardaba su momento para demostrarnos cuanta razón tenia sobre las manipulaciones que el Estado es capaz de someter a cualquier individuo con algo de materia gris.

Un tiempo de gloria y agonía para la Marvel Comics, que terminó de consolidarse como la mas grande editorial de superhéroes, compitiendo y alentando a la Distinguida Competencia, mientras se robaban mutuamente a sus mejores creativos y sus mejores ideas, sin previo aviso. Donde los Cross Overs todavía eran un acontecimiento sorprendente. Donde se comprobó que, a veces, los buenos dibujantes (Miller, Byrne o Pérez) podían ser mejores guionistas. Y donde toda esa amalgama de talento provoco una salto cuántico para la industria.

Una época donde personajes envejecidos y estancados podían ser revitalizados sin necesidad de matarlos o de cambiarlos de traje (o de sexo).

1986, el año que Marvel festejaba alegremente su primer cuarto de siglo en el mercado.

1991, el momento que el hogar de los mutantes alcanzó volúmenes de ventas tan monumentales como para cotizar en la maquiavélica Bolsa de Valores, que a su vez originó inconscientemente el nacimiento de ese perverso Alien llamado Image que terminó consumiéndose a si mismo y a unos cuantos mas.

Un periodo de años donde Neal Adams y Bernie Wrighton brillaron por su ausencia, pero a su vez surgieron tímidamente futuros grandes nombres como Todd McFarlane, Jim Lee, Kurt Busiek o Peter David, que gracias a sus cómics demostraron la gran diferencia entre ser una estrella talentosa y ser un profesional competente.

Un momento crucial para empezar a hablar –seriamente– del comic para adultos, y ver como el interés por las viñetas trascendía sus propias barreras, gracias a la variedad y experimentación que abundaba en aquellos días. ¡¡¡Si hasta en ese periodo Moebius se animó a dibujar un par de superhéroes para Marvel!!!

Una época donde los tipos como Jim Shooter (vinculados con las cuestiones creativas) se peleaban con sus superiores y subordinados por cuestiones creativas antes que marketineras. Donde los artistas producían cómics y los empresarios se encargaban de venderlos. Donde tener la propiedad de un personaje era una lucha por la dignidad y el reconocimiento artístico y no solo un eficiente rédito económico.

Una época donde todo era posible, ¡¡¡imagínense que hasta nos hicieron creer que el Batman de Tim Burton era una buena película!!!

Una época que no fue ni mejor ni peor que la actual, solo tan genialmente turbulenta que sus características y modalidades siguen arraigadas hasta el presente. Un momento detenido en el tiempo, donde algunas historias y algunos buenos personajes no aparecían tan esquematizados –y fácilmente catalogables– como ahora.

De aquella época nos separan algo mas de diez años, pero estoy seguro que el futuro que muchos imaginábamos en aquel entonces, era bastante distinto al que nos toca vivir. Y algunos clásicos de nuestra infancia se nos revelan sozos y nos sorprendemos con otros, que en su momento dejamos de lado. Así que es tan buen momento como otro para revisitarlos y ver si las cosas han cambiado tanto desde entonces.

El viaje en el tiempo esta al alcance de sus manos y puede empezar cuando se les antoje, solo tienen que tomar asiento donde mas le guste y empezar a leer…

© 2004, Gabriel Álvarez.

Publicado originalmente en Calabozo del Androide #0, mayo 2003.

Written by Amo del Calabozo

October 2, 2009 at 12:05 am

Posted in Marvel Edge

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