El Calabozo del Amo del Calabozo

Cultura pop

Hacedores de mitos

Paralela a la Concomic se está realizando la Tercera Semana Fantástica aquí en Valparaíso. Si menciono esta actividad organizada por Puerto de Escape es porque fue inaugurada el pasado día martes con un homenaje a mi gran amigo Sergio Meier, quien hace ya un año en dicho contexto finalizó una conferencia diciendo: “Yo soy Lovecraft.” Esta particular aseveración en palabras del propio Meier, se explica de la siguiente manera: “hay una parte de Howard Phillips Lovecraft en cada uno de sus seguidores, una identificación que trasciende la simple admiración al Maestro del Horror Cósmico. Es como reconocerse en sus visiones y formas de narrarlas. Lovecraft descorre el velo prohibido y nos satisface, pues es lo que siempre quisimos leer y soñar, más allá de la ordinaria realidad inmediata. Nos devuelve a nuestro propio mundo, época y dimensión (El verdadero “Necronomicón” para abrir las Puertas está oculto en sus cuentos). Lo leemos como a todo gran autor, admirándonos de ver en él el reflejo de nuestra propia mente y alma… Por esto, no hay pecado en que cada uno de sus lectores pueda decir, tras cerrar sus libros: Yo soy Lovecraft…”

Para quienes puedan aún no haberse enterado, Sergio Meier falleció hace un mes sembrando el desconcierto y la incredulidad entre sus más cercanos, lo que por supuesto acentuó aún más su similitud con el maestro de Providence a quien tanto admiraba. Tres días después de conmemorarse el primer mes de su partida estoy yo aquí para presentar el segundo volumen recopilatorio del Dr. Mortis. Son sincronías, como dijo Cristián Warnken en el homenaje a Meier, “sincronías locas que hay que dejar ahí sin tocar, porque si uno las toca demasiado se va transformando a lo mejor en un esotérico de baja alcurnia. Hay que dejar temblando esas sincronías.”

Tal como hicera antes conmigo, Miguel Ferrada invitó a Meier a escribir una historia para la segunda etapa de In absentia Mortis a lo que él accedió gustoso. Lamentablemente esta colaboración no pudo concretarse, al menos de este lado del holograma universal como diría mi amigo, porque estoy seguro que sí se ha materializado en muchos incontables universos dónde Sergio Meier vive. Y si bien aquí ya no lo tenemos físicamente, sí están sus obras y el mito que nos ha legado. Porque Meier, al igual que Lovecraft y Juan Marino, fueron creadores de mitos, ahí radica la fuerza y el poder de sus imperecederas creaciones.

En una época que otorga a la originalidad el máximo valor artístico, los hacedores de mitos son raros. De hecho, como bien menciona Michel Houllebecq en su libro Lovecraft:contra el mundo, contra la vida, hasta la aparición del maestro de Providence y su círculo no se tuvo noticias de nada similar desde Homero y los poemas épicos de la Edad Media como el Beowulf, cuya primera traducción al español, por cierto, fue realizada por un profesor de Quillota como a Meier le gustaba recordar.

En su libro, Houllebecq asegura que la creación de un mito popular depende de la creación de un ritual que el lector espera con impaciencia, ritual que redescubre cada vez con mayor placer, seducido por una nueva repetición en una ligera nueva forma experimentada cada vez con mayor profundidad. La conjugación de estos elementos es difícil de conseguir, pero no imposible y me atrevo a asegurar que Miguel Ferrada, Carlos Reyes, XFlint y todos quienes hacen posible la continuidad del Siniestro Dr. Mortis han dado con esta elusiva fórmula alquímica en base a un trabajo constante y profesional que sirve de ejemplo en un medio y un país dónde la mediocridad y las cosas mal hechas son la norma y no la excepción.

Houllebecq compara la obra de Lovecraft con una gigantesca maquinaria onírica, de magnitud y eficacia sin paralelo. Juan Marino puso en marcha una máquina igualmente efectiva allá por 1945 en Punta Arenas, ciudad en la que yo mismo residí durante seis años. Como en Lovecraft, el impacto de las historias de Mortis es igualmente significativo en el lector y se disipa muy lentamente sino jamás. Bien lo sé yo que no he podido olvidar el único cómic de Mortis que leí a los trece años con sus transplantes de cerebros y brazos aserruchados, así mismo como tampoco he podido alejar de mi mente la sustancia viscosa y ectoplásmica que aparece en el primer tomo recoplitario. La respuesta a esto la ofrece el mismo Lovecraft en su Historia del horror sobrenatural en la literatura cuando asevera que el miedo es una de las emociones más antiguas y poderosas de la humanidad, siendo el miedo más antiguo y poderoso el temor a lo desconocido. ¿Y hay algo más desconocido que la muerte? ¿Y no es el Dr. Mortis precisamente eso, la encarnación de la muerte?

La muerte es un viaje, así la han percibido la mayoría de las culturas que han habitado la Tierra. Es un viaje instructivo y secreto. Según diversas tradiciones este viaje se realiza por las aguas que separan nuestras mortales regiones del más allá. Los muertos que llegan al Hades deben llevar una moneda para pagar al barquero Caronte, quien los cruza a través de la laguna Estigia. Los antiguos egipcios efectuaban el viaje nocturno hacia el reino de los muertos en la Barca Solar mientras que de acuerdo a los mapuches nos vamos a la isla de los muertos, que está en la isla Santa María, frente a Puerto Saavedra. Y es precisamente en una ignota isla en medio del Océano Pacífico dónde Mortis ha sido apresado por sus enemigos. Recordemos que el Pacífico es también el lugar dónde se supone se encuentra la tumba acuática del Gran Cthulhu, que en su morada de R´Lyeh, dormido, espera soñando.

Como Houllebecq menciona nadie ha considerado seriamente continuar a Proust, pero sí a Lovecraft y no sólo a manera de parodia u homenaje sino como una real continuación. La obra de Lovecraft admite dicha apropiación porque como ocurre con la mitología, es de todos y para todos y por lo mismo sus tentáculos y pólipos se extienden más allá del cuerpo literario, fecundado a otras mentes y sensibilidades. Lo mismo ocurre con Mortis que comenzó como un radioteatro, luego pasó a los cómics, la televisión e incluso el merchandasing. Es posible que lo mismo ocurra con Sergio Meier.

El mito es altamente participativo y depende de nuevos aportes y reinterpretaciones para asegurar su continuidad y esto es algo que Ferrada y los suyos saben muy bien al convocar a distintos creadores a participar del mito, a hacerlo suyo y enriquezerlo. Mortis admite todas estas permutaciones porque Juan Marino se preocupó de no definirlo a cabalidad, de mantener su ethos de “cosa informe” como el mismo declarara. Esto otorga una libertad como pocas a la hora de proponer una historia, dentro de los márgenes que deben respetarse para no terminar escribiendo una historia del Pequeño Pony o algo por el estilo.

Mi versión del Dr. Mortis para In absentia se llamó Teófanes Mitros y supuestamente era de origen griego, salvo pequeñas indicaciones del todo acertadas, mi historia no debió modificarse para entrar en el canón de Mortis y esa es una de las grandes virtudes de todo cuerpo mítico, uno puede ignorar la continuidad o incluso contradecirla ya que esto dará pie para la creación de nuevas historias y nuevos enfoques. Como diría Sergio Meier, las mónadas tienen las ventanas abiertas, eso es algo que Lovecraft, Marino y Meier siempre tuvieron en consideración y por ello sus obras, al igual que ellos, son inmortales.

Sergio Alejandro Amira
Viña del Mar
5 de septiembre, 2009

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Este documento fue leído por Sergio Alejandro Amira durante la presentación del segundo tomo recopilatorio de Carne y sangre del Dr. Mortis, el sábado 5 de septiembre a las 15:30 en el marco de la Concomics 2009, realizada en la casa central de la Universidad Católica de Valparaíso.

Written by Amo del Calabozo

September 22, 2009 at 4:28 pm

Posted in Cómic chileno

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