El Calabozo del Amo del Calabozo

Cultura pop

Ojo en tinta

Claro que conozco a Pato González, desde comienzos de los noventas, si mal no recuerdo. Y es uno de mis dibujantes favoritos de todos los tiempos. Eso sí, nunca he sido su amigo, pero si me ve en la calle me reconoce, lo que es mucho decir por estos días. También, tengo casi toda su obra publicada, desperdigada en revistas, fanzines y postales. Y aunque siempre nos hemos tratado con cariño y respeto por nuestras respectivas obras (él y sus monos, yo con mis letras), nunca había pensado escribir sobre él, sobre sus alucinantes dibujos, sobre su silencioso aporte al comic chileno desde los 80tas en adelante. Y aquí me tienen, cometiendo los mismos horrores retóricos de presentación, esos que el amigo Amira perpetra cada vez que le pido colaborar en mi página http://www.puerto-de-escape.cl ¡Será la raza la mala, digo yo?

Otra vez son los Ochentas y estoy sentado, algo volado por cierto, frente a la mesa de dibujo, con los originales de Catalejo, el comics de exportación hecho en Valparaíso y que sólo llegó a una tercera entrega. Por mientras, escucho música africana de verdad que Ariel Pereira grabó él mismo en su viaje a Mozambique, o puede que fuera Zaire, la cosa es que se pasó un par de años viviendo con su familia alemana en tierras tan excéntricas, mientras realizaban animaciones para enseñarles a usar el agua potable y esas cosas útiles del inútil mundo occidental. Ahí oí hablar por primera vez de Pato González, con respeto (pues había pasado una temporada en Francia, sus dibujos habían sido alabados por el mismísimo Moebius, según la leyenda urbana de rigor) y ahora publicará con nosotros, la que resultó ser la portada del segundo número, y que a la larga se convertiría en su emblema, luego, su marca de fábrica y por último, su maldición. Pero no nos adelantemos.

En esas reuniones hasta tarde, se arreglaba el mundo, o se pelaba, pero también se aprendía sobre autores, técnicas y estilos. Ya ni recordaba que conversando con Jucca (Juan Carlos Cabezas, el pionero del comix under en el puerto) me propuso realizar una historieta que estuviera hecha sólo por los mejores de la zona: él, en el personaje y la acción física, Freddy Zeballos (muerto sólo unos años después) en unos fondos cósmicos de lujo y Pato González en los personajes estrambóticos, un telón de fondo de seres mutantes y escenografías imposibles, ¿y quién les habla? Intentaría adaptar textos clásicos cf al espíritu de época. Nada de esto resultó. Sólo quedó por ahí un comics de Anarko, donde aparece un personaje del Pato (un astronauta pasado de drogas quién sabe de qué mundos) sentado en una de las típicas escaleras porteñas. La idea me sigue pareciendo buena. Sólo nos falló el material humano. Falla humana, qué buen título ¿No?.

Hasta que me topo con el mismísimo Pato, en pleno noventas, recibiendo una mediocre consagración, como se verá después. En los Salones del Comics que se organizaban por aquellos años, ha expuesto su trabajo b/n y a color. Y recién ahí caímos en cuenta del pedazo de artista que teníamos entre manos. Un estilo único, de líneas impredecibles, una caótica acumulación de detalles que dan una sensación de densidad propia de mundos futuros creíbles, y sobre todo, el uso suelto, ágil y sin miedo del color… ¡ALUCINANTE! Entonces, qué pasa, nada. Justamente. Sólo espaldarazos, miradas aprobatorias y mucho, mucho trago y jarana y locura. Pero nadie (excepto los amigos de siempre, hasta hoy) le tienden una mano solidaria. Pato González se está quemando. Brillando agónicamente en medio de su enorme talento despilfarrado. Y aquí no ha pasado nada. Sólo algo de Arte Verdadero.

Luego, el siglo XXI le encuentra de capa caída. Por cierto, él es el primero en reconocer su alcoholismo. De hecho, publica: CUAC (2002) que es un ajuste de cuentas con sus fantasmas amorosos, con los dineros escasos, con la esquiva fama y la santidad de los bebedores. Pues dudo que exista visitante a los bares porteños que no haya visto, y a veces comprado, esa postal de BAR PARADISO que Pato González nos legó como lápida de sus dilapidados dones de dibujante genial. Pero no crean que todo es malo, la librería Ivens (frente a la plaza Aníbal Pinto) trafica razonablemente sus trabajos más recientes. Y los nuevos comiqueros respetan su obra (aunque no sé si también a él) y le siguen invitando a colaborar en sus proyectos actuales, como un santo patrono del comic. Así debiéramos recordarlo. Así al menos quise retratarle en estas líneas. Por su obra, su generosidad con los jóvenes, su regalo de belleza al mundo. Pato González ocupa, con justo derecho, un lugar de privilegio en el entintado cielo de la historieta chilena. Junto a Lukas y Máximo Carvajal, los otros dibujantes excepcionales de nuestro Valparaíso.

© 2006 Marcelo Novoa.

Publicado originalmente en Calabozo del Androide #31, julio 2006.

Written by Amo del Calabozo

September 15, 2009 at 4:40 pm

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