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Barlowe’s Guide to Extraterrestrials

La idea de realizar un libro de ilustraciones de alienígenas de la literatura de ciencia-ficción rondaba la mente de Wayne Douglas Barlowe desde hacía un tiempo pero no fue si no hasta que Ian Summers (considerado uno de los directores de arte más innovadores de la industria editorial) vio los bocetos de algunos personajes de Mundo Anillo de Larry Niven que Barlowe adquirió el impulso necesario para la concreción de su proyecto.

Barlowe y Summers acordaron que los extraterrestres a retratar debían reunir cómo principales requisitos el ser creíbles, estar científicamente concebidos y adherir a una verdad interna emocional y biológica, en palabras del propio Barlowe: “Queríamos una mixtura de formas de vida –humanoides, insectoides, reptiloides– y una variedad de características cómo la maldad, la compasión, la hostilidad, el salvajismo. Pero sobre todas las cosas, queríamos aliens que fueran concebidos con dignidad e integridad. Estábamos buscando la sensación que estos extraterrestres pudieran existir en la realidad, que realmente habían evolucionado –y que podrían estar camino a la Tierra en este mismo momento.”

Barlowe y Summers se percataron que a pesar de existir miles de alienígenas en la literatura de ciencia ficción eran muy pocos los que respondían a su criterio selectivo, por lo que hubieron de pasar innumerables jornadas teorizando sobre la evolución de cada alienígena basados en su biología y ecosistema, además de verse obligados a descartar cómo fuentes de información los cuentos y novelas que, a pesar de su calidad literaria, fueran científicamente inexactas. De esta manera quedaron excluidos de la selección marcianos, selenitas, jovianos y un largo etcétera de extraterrestres de nuestro propio Sistema Solar.

La Barlowe’s Guide to Extraterrestrials fue publicada en 1979 cuando los ecos de La Guerra de las Galaxias aún no se acallaban y se convirtió en uno de los pocos libros de la literatura estadounidense en ser nominado tanto para el Hugo cómo para el American Book Award. El libro cuenta con un prólogo de Robert Silverberg (representado en el libro con su Sulidor de Downward to the Earth) y un folio de bocetos tanto y estudios tanto de los extraterrestres del libro como su propia novela ilustrada Thype.

Como apunta Barlowe, muchos escritores de ciencia ficción –incluso los mejores– toman el camino fácil cuando se trata de crear un extraterrestre. “La magia puede colocar la cabeza de un gato sobre un torso humano; pero sólo la ciencia puede explicar porqué esa cabeza está ahí, cómo evolucionó aquel ser, en que medio ambiente vive, de que se alimenta.” Tomemos el caso de Larry Niven, en un mismo libro (Mundo Anillo) nos presenta dos alienígenas muy dispares en cuanto a calidad creativa. Mientras que el Titerote se encuentra dentro de los mejores extraterrestres concebidos por escritor alguno (en cuanto a su aspecto físico respecta) el Kzinti no es más que un animal terrícola parado sobre sus patas traseras, inteligente pero con la mayor parte de su carácter derivado del comportamiento del animal modelo. Los Kzinti son tigres inteligentes y ese es cerca del 90% de la creatividad invertida en ellos. En cuanto a los titerotes, no podemos considerarlos “Bestias inteligentes” ya que no tienen ningún modelo obvio dentro de la fauna de nuestro planeta pero si son lo que Robert J. Sawyer denomina “Spocks”, ¿la formula? Toma una de las muchas características que definen la mente humana, ponla en primer plano, cosa que excluya a todas las demás, y llámalo psique alienígena. En el caso de Spock se trataba del estoicismo y en el de los titerotes, la cobardía (características que todos poseemos en mayor o menor medida). Cuando Niven nos presenta un titerote con personalidad se trata de un demente, tiene que ser así ya que para ser un “individuo” tiene que alejarse de la conducta racial dictaminada por la única y exagerada característica de la cobardía. En los humanos la personalidad proviene del equilibrio de varios atributos por lo que seres de un-atributo no pueden tener individualidad significativa. Tratemos de definir, cómo sugiere Sawyer, al Homo sapiens en términos simplistas: “omnívoros territoriales obsesionados con el sexo.” No es una mala definición pero deja fuera mucho de lo que somos y excluye literalmente a millones de individuos.

Remitiéndonos sólo al aspecto físico la Guía en su mayor parte incluye alienígenas tanto o más originales que los titerotes, pero también algunos tan “facilistas” cómo los Kzinti (no estamos poniendo en el banquillo las preciosas ilustraciones de Barlowe por supuesto, sino la flojera creativa de los autores). Cómo lograron estos personajes burlar la severa selección de Barlowe y Summers es un misterio pero ahí están, el Salaman de Brian M. Stableford (alienígena-salamandra), el Gowachin de Frank Herbert (alienígena-rana), el Dilbian de Gordon R. Dickson (alienígena-oso) y el Old Galactic de James H. Schmitz (alienígena-babosa). Estos serían los más deficientes en cuanto a su concepción respecta, No podemos decir lo mismo de la Nube Negra de Fred Hoyle, la Madre de Philip J. Farmer, el Ixtl de Van Vogt, el Polarian de Piers Anthony, el Soft One de Asimov, el Cygnan de Donald Moffit, el Tyreean de James Tiptree Jr. y el ya mencionado Titerote de Niven, todos ejemplos a seguir en lo que a idear formas de vida alienígenas respecta. Otra duda, según entendí los Navegantes de la Cofradía en la saga de Duna son humanos mutados por el alto consumo de especia, ¿clasifican entonces como formas de vida extraterrestres? De ser así todos los personajes de Duna podrían haber sido retratados entonces.

En 1996 se publicó la Barlowe´s Guide to Fantasy, un compendio de cincuenta “grandes héroes y criaturas bizarras de la literatura imaginativa”. Las criaturas presentadas en ésta obra carecen de interés en su mayoría y tan sólo el Shrowk de David Lindsay, el Gug de Lovecraft, el Gek-a-gek de Clive Barker, el Nissifer de Jack Vance, el Dark One de Barbara Ambil y el Alzabo de Gene Wolfe podrían considerarse a la altura de la Guía anterior. Una de las falencias de esta obra es ser una especie de tres-en-uno, un compendio de seres fantásticos, de héroes y villanos, y de seres mitológicos. Cada una de estas categorías, por separado, ameritaban un libro propio, recordemos que la Barlowe’s Guide to Extraterrestrials incluye alienígenas provenientes de la literatura y sólo de la literatura. El arte también es algo deficiente y se nota apresurado.

Con esta obra Barlowe comprobó el viejo dicho que asegura que el rayo no cae dos veces en el mismo lugar.

© 2003, Sergio Alejandro Amira.

Publicado originalmente en Fobos #18, junio 2003.

Written by Amo del Calabozo

May 14, 2009 at 8:10 pm

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