El Calabozo del Amo del Calabozo

Cultura pop

Un mundo en ruinas

Supe por Warren Ellis que Ruins I y II va a ser publicada en un solo tomo a la venta a partir de enero del 2009. Sobre este cómic que Ellis considera una “comedia” él mismo nos dice:

“Hubo gente que se molestó mucho cuando este cómic salió a mediados de los noventas. Nunca olvidaré un mail de un sujeto particularmente enojado diciendo que el cómic era tan deningrante y equivocado que lo hizo vomitar en su lavamanos – y luego sintió que el cómic había infectado toda su casa y tuvo que regresarlo a la tienda para sentirse limpio nuevamente.”

Estoy seguro que este mail deleitó a Ellis pero, ¿es Ruins capaz de generar tal reacción como la del sujeto del mail? A mí el único disgusto que me provocó fue que es una obra fallida. Pero claro, a veces las obras fallidas son mucho más interesantes que aquellas que funcionan como reloj suizo a lo Watchmen. Será por eso que me simpatiza tanto Ellis que sin nunca llegar a las alturas de Morrison o Moore se defiende bastante, aunque últimamente parezca estar tocando la misma tecla.

Ahora bien, sobre Ruins

La ruina está intímamente ligada con el posmodernismo (o postmodernismo como escriben los menos posmos). De hecho es la muerte de la historia y la consecuente pérdida de la esperanza, de la ética, de la episteme moderna positivista y la imposibilidad de creer en alguna trascendencia la que da paso al pensamiento posmoderno. Parafrasenado a Mikel De Viana, el proyecto civilizatorio e histórico moderno en su promesa de asegurar la felicidad está completamente en ruinas. Esto es algo que Ellis sabe muy bien y ha usado para articular varias obras siendo la más notable entre ellas Planetary.

Así como la posmodernidad no se define por sí misma, sino en relación a la modernidad, Ruins no se define sino en relación a Marvels del que pareciera ser un oscuro reflejo -o sí se quiere una reflexión más realista. Ellis toma al reportero creado por Buziek y Ross (y propiedad de Marvel per secula seculorum) y lo inserta en un mundo dónde aparentemente todo lo que podría haber salido mal salió mal. Un mundo dónde la exposición a rayos gamma o la mordida de una araña radioactiva no te dan poderes sino tumores, cáncer y letales enfermedades infecciosas. Si Leibniz defendió que vivíamos en el mejor de los mundos posibles, Sheldon está convencido de lo contrario y quiere descubrir cual fue el punto en que todo se fue a la mierda literalmente. La búsqueda de Sheldon -quien pronto averiguamos padece una enfermedad letal- lo lleva a entrevistarse con varias versiones “ruinosas” de los personajes Marvel.

Ya en la primera página un Quinjet de los Vengadores es destruido sobre la cabeza de Sheldon por los militares que luego posan orgullosos ante las cámaras entre los restos del avión luciendo el escudo del Capitán América y el Martillo de Thor (que en esta realidad puede levantar cualquiera por lo visto sin necesidad de salir al espacio exterior). Nos enteramos luego que un joven llamado Matt Murdock ha muerto por quemaduras y daño neurológico causado por material radioactivo y vemos a un patético Wolverine que mendiga alcohol en un bar y padece de una enfermedad a los huesos. Sheldon posteriormente visita un campo de concentración dónde se mantiene a los sobrevivientes de una frustrada invasión Kree, todos muriendo de cáncer. El Capitán Mar-Vell le relata a Sheldon como el poder cósmico emanando del cuerpo sin vida de un alienígena adaptado para vivir en el vacío incapacita sus instrumentos dejándolos a merced de un ataque nuclear desde la Tierra que destruye el 90% de su armada.

Sheldon posteriormente se reúne con Nick Fury que tras golpearlo y asesinar a una Jean Grey prostituta se suicida no sin antes confesar que el Capitán América lo introdujo al canibalismo. La próxima parada de Sheldon es el apartamento de un Rick Jones adicto a la morfina que le cuenta la verdad tras Hulk. A la salida Sheldon se tropieza con el cadáver del Punisher en medio de la nieve, Muerto con cuatro balas en el pecho y una en la cabeza. El tomo uno concluye con Sheldon junto al cuerpo de Frank Castle implorando por que se le permita vivir lo suficiente para encontrar una respuesta. Fin del libro primero.

El libro segundo comienza con un momento al más puro estilo Marvels. Sheldon observa desde la ventana de un avión en vuelo a Valkyria montada en su caballo alado Aragorn. Pero Ellis rápidamente nos regresa a su mundo en ruinas ya que junto a Phil está sentada una señorita de apellido Darkhölme que ha olvidado tomar su medicamento por lo que comienza a mutar sin control y su cabeza explota. A la salida del avión las cosas no mejoran ya que un tipo del gobierno al empujar a un hippie destruye su aparato de contención magnética casero provocando que atraiga hacia él desde el hierro en la sangre de las personas cercanas hasta tapaduras y el avión mismo.

Los días pasan rápido y Phil Sheldon está en una prisión en Texas, siendo conducido a través de las celdas por el alcaide Wilson Fisk. Aquí es dónde el Presidente X mantiene a los mutantes, los caníbales y los extraños. Un Cyclops que incineró a su familia y al que le arrancaron los ojos, un Quicksilver reducido a un torso. Una Kitty Pride que ha perdido dos metros de intestino al quedar atorada entre los barrotes, etc.

Luego de toda esta miseria… otro momento epífanico. Sheldon escribe junto a un lago rodeado de naturaleza y una pequeña niña le regala una flor, le da un abrazo y lo invita a compartir su picnic. Un momento inusualmente emotivo en este mundo en ruinas que me recordó al Frankestein de James Whale de 1931, esa escena con el monstruo junto al lago y la pequeña niña. Sólo que aquí todo sale bien y si bien Phil no es monstruoso en apariencia si lo es en el contexto de este mundo dónde es el único ser relativamente normal y conciente que de cómo deberían ser las cosas. Algo así como el Hawthorne Abdensen de El hombre en el castillo de Dick.

Y entonces, en la página 19 hay un cambio en el arte y Ruins ya no se ve como Ruins lo que es imperdonable. No estaba seguro de sí lo que leía era un sueño de Phil o qué ya que estos cambios en los cómics suelen obeder a cosas por el estilo. Pero no. Lo que sigue es el suicidio de Johhny Blaze y lo que al parecer provocó todo este mundo en ruinas: la negativa de Ben Grimm por robarse y tripular aquel famoso cohete. En un apresurado final se nos muestra que Phil fue infectado por Peter Parker quien contrajo un virus mutante tras ser mordido por una araña que el mismo irradió. Phil Sheldon ha olvidado tomar sus medicamentos y muere en medio de la calle. Su portafolio cae al suelo junto con él y al abrirse todas sus fotos se elevan por los aires arrastradas por la corriente.

Fin.

La idea de Ellis (como todas sus ideas) no es mala, pero la ejecución tanto en arte como guión no fue del todo óptima. La historia parece forzada a terminar a partir de esa página dónde el arte cambia de los Nielsen a Moeller si mal no me equivoco. Más que una historia queda la sensación que esto es una especie de diario mural dónde Ellis colgo varias noticias y fotos de desastres recortadas de los periódicos, lo que en sí es una gran idea de haber sido bien ejecutada (Bad World es ejemplo de ello). Yo creo que en cuatro tomos y no dos, y sin cambios de artista a la mitad de la historia Ruins habría funcionado. Tal vez en otra realidad alterna fue así y yo esté escribiendo lo mucho que me gustó Ruins. Todo es posible en el Multiverso.

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Written by Amo del Calabozo

October 25, 2008 at 2:14 am

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