Archive for the ‘Ciencia ficción’ Category
Ward Shelley’s History of Science Fiction
Supe de la existencia de este mapa en Twitter gracias a @ConComicsChile, aunque no encontré información anexa alguna en el sitio que la alojaba (http://scimaps.org/). Pero para eso está Google, ¿no? Bastó poner "History of Science Fiction" en el buscador para llegar al sitio de Ward Shelley, autor del mapa en cuestión quién lo describe de la siguiente manera:
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El mutante como mecanismo argumental
“Si la ciencia ficción es, como creo, una literatura de cambios, de infinitas posibilidades, el mutante es la quintaesencia del género al centrar tales cambios en el interior de cada uno de nosotros, en el propio plasma germinal humano.”
–Robert Silverberg–
A la hora de referirse a este tema es imperioso contar con ciertas definiciones. En lo que al origen de los términos “mutación” y “mutante” se refiere, ambos se derivan del latín “mutare” (cambiar) y fueron acuñados por el genetista y botánico holandés Hugo de Vries a fines del siglo XIX.
Si un mutante es un sujeto que ha sufrido una mutación, pues debemos contar con una definición científica de este proceso. Como soy un lego en la materia, me remito a la información que he encontrado en los hipertextos del Área de Biología de la Universidad del Nordeste, Argentina, que me han parecido suficientemente confiables y que señalan lo siguiente:
“Las mutaciones pueden ser cambios puntuales que cambien un solo nucleótido por otro, pueden implicar una deleción, duplicación o transposición de una porción de ADN o ser tan drásticos como cambios en el número de cromosomas. Que la mutación sea buena, neutral o dañina, depende de como afecte a la supervivencia del individuo y su éxito reproductivo, también depende del ambiente y como éste puede cambiar. Con respecto a la velocidad de mutación, ésta varía mucho entre las especies e incluso entre los genes de un individuo”.
¿Y cual es la causa de las mutaciones? De acuerdo a Robert Silverberg en su introducción a la novela Tiempo de mutantes “…las mutaciones son causadas por cambios químicos en el núcleo, alteraciones de la temperatura o rayos cósmicos que alcanzan al gen; también pueden ser producidas artificialmente sometiendo el núcleo a la acción de los rayos X, la luz ultravioleta y otras radiaciones duras”.
Ahora bien, según La página de la Evolución Biológica (http://www.evolucion-biologica.cjb.net), en líneas generales los tipos de mutaciones se dividen en mutaciones génicas y mutaciones cromosómicas. Las mutaciones génicas ocurren cuando una secuencia de nucleótidos es alterada mientras que las cromosómicas afectan al número de cromosomas o a su estructura o configuración. Esta última clase de mutación es particularmente interesante (por lo menos para mí), sobretodo cuando aparecen genes duplicados y poliploidías (que puede dar origen a una nueva especie).
Asimov y los viajes en el tiempo
Una de las primeras obras literarias en tratar el tema del viaje en el tiempo fue la moralizadoramente discursiva A Christmas Carol (1843) de Charles Dickens, un libro que jamás he leído pero con cuya historia estoy más que familiarizado amén de las innumerables versiones llevadas al cine y la televisión (recuerdo particularmente una de las primeras que vi de niño donde el putrefacto fantasma del ex-socio de Scrooge realmente daba miedo). La novela de Dickens por supuesto que no era ciencia ficción al no estar involucrado ningún artilugio tecnológico en el proceso de crondesplazamiento, por lo que el título de “primera obra literaria de ciencia ficción sobre viajes en el tiempo” recae en Herbert George Wells y su The Time Machine (originalmente publicada como The Chronic Argonauts en el Science Schools Journal de 1888; expandida y revisada luego en 1895). Hay algunos quisquillosos que argumentan que Wells no fue el primero en idear una máquina del tiempo sino un tal Edward Page Mitchell que varios años antes propuso tal artefacto en Clock That Went Backward (1881), historia en que dos niños descubren un reloj roto que los transporta a la Holanda del siglo dieciséis, pero a esa gente le digo: no podemos considerar al reloj aquel cómo una verdadera máquina del tiempo sino como un objeto mágico, y no me vengan con eso que toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.
Es Wells y nadie más que Wells quien sentó las bases del viaje en el tiempo para la ciencia ficción, antes de él los viajeros estaban condenados a viajes sin regreso o de una sola vía a través de sueños, visitas de fantasmas, criogenia o larguísimas siestas. Al principio de The Time Machine el protagonista declara: “Existen en realidad cuatro dimensiones, tres a las que llamamos los tres planos del Espacio, y una cuarta, el Tiempo”, esto diez años antes que Einstein diera a conocer su Teoría Especial de la Relatividad, que, como señala Pedro Jorge Romero en su artículo El Viajero del tiempo aprende despacio, llevaría la idea del tiempo como una cuarta dimensión de una entidad superior conocida como el continuo espacio–tiempo (Pedro Jorge Romero se encargó de la traducción para la edición española de Las naves del tiempo, continuación de La máquina del tiempo de Stephen Baxter).
El Hombre Lobo en la Ciencia ficción
Mi cuento Licantropía contemporánea sin duda no es ciencia ficción, tampoco terror. No sé que diablos será y puede que sátira sea la forma más adecuada para definirlo. Sea como sea e independiente de la taxonomía debo mencionar que es el único cuento de mi producción (en su versión original al menos) que le ha agradado minimamente al riguroso y taciturno ex-pope de la ciencia ficción chilena, Luis Saavedra.
Licantropía contemporánea data del año 1997, y sufrió varias correcciones menores hasta su versión definitiva del 2004. Encuentro particular deleite en los cuentos que toman ideas cliché o tópicos gastados dándoles una vuelta de tuerca y eso fue lo que pretendí con Licantropía… La idea original surgió tras la lectura en un suplemento de viajes que detallaba las ofertas turísticas de Transilvania. De inmediato imaginé a un personaje chileno viajando a las tierras del Conde Drácula y siendo mordido por un hombre lobo. ¿Por qué no por un vampiro?, no sé, hubiera sido lo más lógico pero yo no tenía en mente escribir sobre vampiros sino sobre hombres lobo.
A la hora de diseñar al personaje pensé: ¿quién sería el tipo menos probable como para convertirse en un hombre lobo? La respuesta: un acaudalado cirujano plástico. El resto surgió sólo. Hasta ese momento la única obra de ficción que había leído sobre el tema de la licantropía era A la deriva entre los islotes de Lagerhans: Latitud 38º 54’N, longitud 77º 00’13 O, cuento de Harlan Ellison incluido en Los Premios Hugo 1973-1975 (según Asimov esta narración ganó el Hugo ya que cuando se imprimió el título no quedó espacio para el resto de los nominados). A la deriva… comienza con el siguiente párrafo: “Cierta mañana, al despertarse en su cama de algas después de tener sueños inquietos, Moby Dick se halló transformada en el capitán Ahab”. ¡Grande Ellison!, ¡que buena alegoría! Pero hasta ahí no más las alabanzas para el diminuto y temperamental escritor. Nada más de lo suyo que he leído me ha gustado, ni siquiera su mediocre antología Visiones Peligrosas, que salvo el cuento de Sturgeon no ofrece nada realmente “peligroso” e incluye algunas narraciones bochornosamente malas.
Alien expuesto
“Grosvenor observaba los dedos habilidosos del cirujano mientras el cuchillo electrificado hendía el estómago del cuarto hombre. Depositaron el último huevo en el fondo de la alta cuba de metal resistente. Los huevos eran grises y redondos, y uno de ellos estaba levemente agrietado.”
“Varios hombres se acercaron con armas térmicas mientras la grieta se ensanchaba. Asomó una cabeza fea, redonda y escarlata, con ojos diminutos y gelatinosos y una boca que era un tajo. La cabeza giró sobre el corto cuello y los ojos destellaron con ferocidad. Con una rapidez que los tomó por sorpresa, la criatura se irguió e intentó salir de la cuba. Las lisas paredes se lo impidieron. Resbaló y se disolvió en las llamas que le arrojaban.”
Aunque parezca lo contrario esta no es una escena de Alien el Octavo Pasajero sino de la novela El Viaje del Beagle Espacial de A. E. van Vogt. La primera vez que tuve noción que la saga de Alien se había ‘inspirado’ en las creaciones de un escritor fue hojeando la Guía Barlowe de Extraterrestres. Motivado por este precioso volumen comencé a buscar los títulos de los cuales provenían las criaturas allí representadas y el primero que encontré fue El Viaje del Beagle Espacial. Tras la lectura de este libro sus similitudes con Alien se me presentaron más bien como un descarado plagio por parte de Riddley Scott. van Vogt en su momento también lo consideró así y demandó a los productores de la película por desvalijar dos de sus cuentos de fines de los 1930’s: Black Destroyer (su primer trabajo publicado) y Discord in Scarlet, los que posteriormente serían incorporados a El Viaje del Beagle Espacial en 1950.
Generalmente se considera como antecedente directo de Alien a It! The Terror From Beyond Space, filme de clase-b de 1958 (ambientado en el ‘futurista’ año de 1973), en que un actor enfundado en un traje de goma amenaza a la tripulación de una astronave de regreso a la Tierra desde Marte. La única similitud de It con el Beagle es la premisa básica de un alienígena hostil a bordo de una nave espacial y puede considerarse más una película de monstruos que de ciencia ficción, es por esto probablemente que van Vogt no contemplara el demandar a su colega escritor Jerome Bixby por el guión de este filme. Dan O’Bannon, el guionista original de Alien estaba familiarizado tanto con It! como El Viaje del Beagle Espacial, razón por la cual los productores no se atrevieron a seguir adelante con el juicio y llegaron a un acuerdo extrajudicial con van Vogt. Cabe recordar que O’Bannon fue el responsable de los guiones de Total Recall y Lifeforce además de co-escribir junto a John Carpenter esa obra maestra de la ciencia ficción humorística llamada Dark Star.


La idea de realizar un libro de ilustraciones de alienígenas de la literatura de ciencia-ficción rondaba la mente de Wayne Douglas Barlowe desde hacía un tiempo pero no fue si no hasta que Ian Summers (considerado uno de los directores de arte más innovadores de la industria editorial) vio los bocetos de algunos personajes de Mundo Anillo de Larry Niven que Barlowe adquirió el impulso necesario para la concreción de su proyecto.







